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Entrevista a Nuria Varela Feal

jueves, 6 mayo, 2021

Dra. Nuria Varela 

Profesora Titular Grupo de investigación Filosofía, Constitución e Racionalidade Facultad de Enfermería y Podología. Universidade da Coruña.

Pregunta: ¿Qué te motivó a elegir la carrera de Enfermería?, ¿Cómo han sido tus comienzos y trayectoria profesional?

Respuesta: Algunas personas, cuando deben elegir su carrera o desarrollo profesional, saben o tienen claro que camino escoger, bien porque siempre han querido hacer aquello que les gusta, bien por su historia familiar, o bien por experiencias vitales que les estimulan o determinan y tienen claro que estudiar o en qué trabajar. Para otras personas elegir o saber qué camino tomar o que carrera elegir no está tan claro, y la búsqueda de un lugar profesional comienza por intentar aquello en lo que cree que puede encajar o que le puede resultar más fácil. Este es mi caso. Comencé a estudiar auxiliar de enfermería porque era una opción asequible en mis circunstancias y no me inclinaba por otras opciones, de manera que ahora retrospectivamente, podría decir que fue la enfermería la que me encontró a mi porque una vez en ella descubrí que encajaba con mi visión del mundo y en mi forma de estar en élP>

Mi inicio en la enfermería fue bastante inseguro. Terminada la carrera comencé a trabajar en el hospital, pero mantenía contacto con compañeros y profesores de la Facultad, y sin tener claro donde anclar mi actividad profesional, la confianza y el sentido de pertenencia a un grupo me ayudaron a valorar intentar hacer la carrera docente. Así que comencé a prepararme para la docencia a través de una plaza de profesor ayudante en la Escuela de Enfermería de Ferrol. Fue un comienzo inseguro porque, a pesar de tener una buena formación y continuar complementando mi formación académica, era consciente de que tenía carencias en mi experiencia clínica. En consecuencia traté de formarme en aspectos que, siendo básicos en la formación de los futuros profesionales, no constituyen la parte más visible de la profesión. Pienso que, en general, nos dejamos cautivar por la seguridad de la técnica y el método, por el «saber hacer», olvidando, o relegando a un segundo nivel el «saber ser», --¿qué profesional quiero ser?-- Además de saber hacer los profesionales debemos de cultivar el ser: educar los sentimientos y las emociones, la virtud; cuidar las relaciones y aprender a escuchar las historias de los pacientes. Esto me llevó a estudiar antropología, terapia familiar y a especializarme después en bioética y enfermería narrativa.

P: ¿Qué es lo más difícil de ser enfermera/o?

R: En su libro autobiográfico Ébrio de enfermedad, Anatole Broyard dice que «todos los pacientes necesitan que los resuciten por medio del boca a boca, pues la conversación es el beso de la vida»; añade que además de hablar con él, el profesional debe sangrar al paciente de todo los que tenga que decir, de la conciencia de su enfermedad. Esto es lo más difícil: escuchar los relatos de los pacientes sobre lo que les pasa, escuchar su historia profunda y cuidar a través de la palabra, es decir, co-construir con el paciente un buen relato. Buscar, junto al paciente y su familia, la mejor historia posible. Hay historias con pilares éticos firmes que favorecen, mejor que otras, la resiliencia, la autoría, la reflexión, la conexión social constructiva, el progreso y el cambio de quienes las habitan, esto debe reflejarse claramente en nuestra práctica clínica.

P: ¿Cómo está afectando la pandemia a tu vida personal y profesional?

R: La pandemia del COVID-19, como todas las crisis, es simultáneamente una dificultad y una oportunidad para cambiar o, al menos es una situación de vida que debemos aprovechar. He tenido la suerte de que nadie de mi familia, hasta la fecha, ha sido contagiado o ha tenido que lidiar con la infección. Personalmente mi vida no se ha visto afectada negativamente por la pandemia, al contrario, en la etapa más restrictiva me ha permitido disfrutar de cosas que hasta ahora no priorizaba, como poder ir a comprar al mercado sin prisa y disfrutar de más tiempo para leer, conversar, escuchar música y disfrutar de mi marido.

A nivel profesional, aunque la carga de trabajo ha aumentado exponencialmente, he podido aprender cosas que seguro, sin la pandemia, no habría ni intentado aprender porque no las consideraba necesarias, así que he aprovechado la situación que nos ha exigido el cambio de las clases presenciales a las clases virtuales. La parte más negativa es que, sin duda, trabajo más horas que antes de la pandemia, no controlo el horario frente al ordenador, entre las clases online, la preparación de los trabajos, su posterior evaluación, la adquisición de nuevas herramientas para llevar a buen puerto las clases y los trabajos, las conexiones con las reuniones, tutorías, formación, etc. Son más horas porque van a la par la adquisición de nuevas formas de trabajar con la propia carga de la docencia, la investigación y continua adquisición de nuevos conocimientos. Actualmente, se están combinando las clases online con las actividades presenciales, lo que nos ha exigido otro nuevo ajuste. Es un continuo proceso de adaptación, de cambio, teniendo que ajustar la respuesta en cada momento, lo que supone una carga física y psicológica y emocional adicional. Se suma a esto una dificultad añadida, la escasa interacción y cercanía entre los alumnos, y entre profesores y alumnos, como consecuencia de la necesidad de mantener la distancia y de la mascarilla. Esto hace que se vea mermada la comunicación analógica, el lenguaje del cuerpo se ha vuelto rígido y temeroso de la cercanía, los gestos quedan ocultos tras la mascara, se pierde lo emocional y lo afectivo, las interacciones y las relaciones se vuelven distantes y mecánicas. Debemos de poner atención a esto y cuidar más las relaciones humanas.

P: ¿Cómo ves la enfermería dentro de la sociedad actual?

R: Mi percepción es ambivalente. Por un lado, esta claro que el personal de enfermería ha sido y está siendo clave en el tratamiento de los enfermos y en tareas de prevención, y esto ha permitido que la sociedad en general tenga una visión más clara de la importancia de nuestra actividad cotidiana y de nuestra flexibilidad para adaptarnos a las necesidades que dictan las circunstancias. Pero, por otro lado, esto también ha llevado a una clarísima sobrecarga en los profesionales y poca atención política e institucional a nuestro cuidado. Además, y esto me parece fundamental, convertir la reacción ante la crisis en una situación de sostenida cronicidad, junto al desgaste, implica un deterioro de la capacidad de reflexionar sobre nuestra propia práctica, nuestras decisiones operativas y el trato con pacientes y familiares, lo que puede incidir en aumentar el riesgo de dejar de prestar atención a cosas que son esenciales en nuestro trabajo cotidiano. No somos héroes, ni deberíamos pretender serlo, solo buenos profesionales que hacen bien su trabajo, o al menos es lo que deberíamos perseguir: hacer excelentemente bien nuestro trabajo.

P: ¿Cuáles son los grandes retos a los que deberá enfrentarse la enfermería en un futuro inmediato?, ¿Qué desearías para los nuevos profesionales?

R: Considero que la pandemia ha dejado al descubierto aspectos importantes, como el valor de los cuidados, y nos ha confrontado con la necesidad de ser capaces de afrontar la toma de decisiones compleja. Los profesionales de enfermería se han visto teniendo que tomar decisiones urgentes, y en situaciones de urgencia o emergencia no suele prevalecer la reflexión, la deliberación y la toma de decisiones compartida con los pacientes y/o su familia en lo que concierne a su salud, su vida y su muerte. Lo hemos visto en diversos contextos, como en las UCIs, en urgencias, o en centros geriátricos, por ejemplo. La cuestión aquí es que las decisiones no se pueden tomar sólo desde aspectos puramente técnicos, porque en toda decisión, en todo acto enfermero, se juega una cuestión de valores, los nuestros, los de los enfermos, los de las familias. No podemos dar una óptima atención actuando exclusivamente como técnicos. Debemos atender a las historias de nuestros pacientes, saber qué se juegan ellos en las decisiones que tenemos que tomar, en los diferentes cursos de acción; acceder al sentido que tanto la salud, como la enfermedad y como las opciones que se nos presentan tienen para ellos. El personal de enfermería es el que tiene una mayor cercanía cotidiana con el paciente, y en consecuencia tiene una posición privilegiada para garantizar que su cuidado sea ético, humano. Por lo tanto, este es nuestro reto. Es prioritario y necesario cuidar la información, la comunicación y la relación de ayuda y el apoyo emocional de los pacientes y sus familias. En un mundo cada vez más tecnificado, hiperconectado, hiperrápido y carente de alma, ser garantes de un cuidado cercano, ético, colaborativo, atento al sentido que para el paciente tiene la situación que afronta, alentar su relato. Esto es prioritario. Como señala Anatole Broyard en el libro citado: «ir más allá de la ciencia y llegar a la persona», reconocer y dignificar su presencia.



by Dr. Radut.