Antonio Morales, enfermero de UCI: “No estamos preparados porque no quieren que nos preparemos. La especialización implica más dinero”

Antonio Morales es enfermero de la UCI del hospital universitario Rey Juan Carlos de Móstoles. Imparte el curso de enfemería en los cuidados críticos, que ha empezado esta semana organizado por el Colegio y el Instituto ISFOS. Casi el 80 % de los asistentes a este módulo son profesionales de unidades de críticos. “El curso es para aclarar las dudas que se suelen tener cuando el profesional llega a una unidad de cuidados intensivos. Mientras que en planta el paciente se mantiene con unos cuidados mínimos, el que está en una UCI normalmente requiere que tengamos una atención 24 horas para vitar complicaciones. Son pacientes que suelen estar monitorizados. Aparte de la monitorización electrocardiográfica, requieren de una vigilancia mucho más específica de su patología. Suelen llevar otras terapias externas como, por ejemplo, la hemodiálisis, la hemodiafiltración, terapias de reemplazo renal que convierten a estos pacientes en pacientes bastante complejos, y que a raíz de su patología suelen salirle otras complicaciones.

-¿Cómo es la atención enfermera en una unidad de críticos?

Muy continuada. A veces es una atención que provoca un gran estrés en el propio profesional. Los primeros meses en estas unidades son muy difíciles para las compañeras. Con estos cursos intentamos darles nociones básicas para que su acceso a estas unidades sea un poco más relajado. 

-El ratio en estas unidades es de 1 enfermera por cada 2 pacientes. ¿Es eficaz?

Las direcciones de enfermería tienden a infravalorar al paciente. Es cierto que los ratios varían según la unidad. Si yo estoy en una URPA (Unidad de Recuperación Postanestésica) puedo llevar hasta seis pacientes. Son personas que mantenemos en un despertar durante unas dos horas y media, con cuidados más básicos y controlados con monitorización. El problema es cuando nos ocupamos de pacientes que requieren más atención. Está estipulado que el ratio sea de 2 pacientes por cada enfermera. Pero aún así, te encuentras con algunos pacientes, como el paciente ECMO que necesita de unos cuidados muy, muy controlados. Sueles hacer un ratio de 1/1. Llevan canalizaciones muy gruesas. Si se salen algunos de esos tubos, el paciente se muere. En algunas unidades neonatales hay dos enfermeras con un paciente ECMO. El ratio se debe establecer con la patología de cada paciente.

-¿Y eso se está haciendo?

No en todos los sitios se adaptan igual. 

-¿Qué es lo más importante a la hora de gestionar momentos de crisis?

La calma. El conocimiento viene muy bien para resolver las situaciones, pero si no se mantiene la calma, los conocimientos no sirven para nada. Cuando más calmado estés, mejor para el paciente. Siempre pongo el ejemplo de las paradas cardiorrespiratorias. Cuando suceden en planta, es un desequilibrio total. Todo el mundo quiere hacer y decir cosas y se forma un guirigay. En las unidades de cuidados intensivos se trabaja esa calma para saber que en cada proceso de emergencia cada uno sepa su rol. Si hay un médico que dirige, un enfermero que se dedica a la administración de medicación, otro que se dedica a otros accesos vasculares, el trabajo sale adelante con calma y el paciente sale con menos morbilidad.

-Cuando una enfermera llega por primera vez a estas unidades, ¿con qué bagaje de formación llega?

Ese es el problema. Hoy en día no se exige nada. Hay comunidades que piden que por lo menos haya un experto en cuidados críticos, pero son las menos. En el resto, las enfermeras son profesionales para todo. No hay una especialización en críticos. Nos dijeron en un principio que se haría una parte dentro de la médico-quirúrgica en la que urgencias y críticos se iban a separar por especialidade, pero al final se ha quedado en nada. Hay sitios en los que no se exige nada para entrar. Lo vemos sobre todo cuando hay que cubrir bajas. Tiran de la bolsa y la primera que tenga puntos, ahí se mete. Con el COVID, nos quedamos sin gente para trabajar y, según salían de la carrera, las metían a cascoporro. No tenemos la especialización, las compañeras salen con unos conocimientos mínimos de un grado de cuatro años en el que han redistribuído las asignaturas y relajado las clases. El personal sale con conocimientos muy básicos. Les preguntas cosas de anatomofisiología que, como lo dieron en primero de carrera, ahora no se acuerdan. Sale gente, pero menos preparada. A lo mejor para planta, vale. Pero en una unidad de cuidados intensivos, necesitas controlar sobre drenajes, lavados urinarios, sondaje nasogástrico, ventilación mecánica… Son cosas que se deberían enseñar en la carrera, que luego deberíamos ir especializándonos, pero que, por desgracia, o se hacen estos cursos, o las profesionales no se especializan.

-¿Veremos desaparecer la figura de la enfermera que vale para todo y que la enfermera se especialice igual que se especializa un médico?

No. No estamos preparados porque no quieren que nos preparemos. Especializarse implica más dinero, como pasa con las matronas, con la enfermería del trabajo. Tienen una categorización superior, que para eso han hecho un EIR y dos años de especialización. Eso tiene un aporte económico extra. A nivel ministerial, no interesa. Cuantas menos especialidades haya, menos tiene que subir el presupuesto. También es verdad que hay enfermeras a las que no les gusta porque parece que es como categorizarnos dentro de un grupo. Si tú te especializas en geriatría, por ejemplo, puede parecer que no te llamen para otras especialidades. Muchas compañeras se autolimitan. Nos tiramos piedras contra nuestro tejado. He llegado a conocer profesionales que fastidian a las compañeras. No les enseñan por si algún día le quitan su puesto de trabajo. 

-Y la enfermería se hace más pequeñita.

Una cosa que se ve en la enfermería que no se ve en la medicina es que nosotros mismos nos cerramos. La medicina quiere un aumento de sueldo, hace un parón completo y lo consiguen. ¿Enfermería? Va la de hospitalización, pero no va la de atención primaria y viceversa. Van las matronas, pero no va el resto. Y al final no se logra nada.

-¿La enfermería de críticos ha sufrido más que ninguna en la pandemia?

Sufrimos más por dos cosas: no había medios, con lo cual se contagiaron compañeros que acabaron ingresados en las propias UCI; y no había personal, con lo cual todos los que iban entrando, entraban en UCI recién salidos de la carrera. Se llevaron un golpe durísimo. Tuvieron que aprender a bofetones y sufrieron bastante. También las compañeras de planta, que tuvieron los mismos problemas de falta de material, pero el golpe no fue el mismo. Tenían un estrés enorme. En planta podías quitarte los equipos de protección porque solo se entraba en las habitaciones cuando era necesario. En las unidades de cuidados intensivos, cuando había que realizar curas u otros procedimientos, te tirabas incluso hora y media con el equipo puesto. En las UCI suele haber pacientes con ventilación mecánica y se generan muchos más aerosoles que en cualquier planta. Había más riesgo. Se sufrió bastante. 


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