El pasado lunes se conmemoró el Día Internacional de la Enfermería de Salud Mental, en recuerdo de Hildegard Peplau, y Galicia ya mira al próximo gran hito: el Congreso Nacional de Enfermería de Salud Mental, que se celebrará en A Coruña en marzo de 2026. Con motivo de ambas citas, conversamos con Dª María Consuelo Carballal Balsa, psicoenfermera, psicóloga y miembro de la AEESME, que será una de las ponentes del encuentro.
Usted ha dedicado gran parte de su vida a la salud mental como psicoenfermera y psicóloga. ¿Qué le llevó a dar este paso en su carrera profesional?
Cuando realicé la carrera, durante las prácticas en el Hospital de Día de Oza —en aquel momento estaba en las instalaciones de Labaca— me cautivaron las personas que asistían allí para recibir tratamiento, así como los profesionales que desempeñaban su tarea. Siempre recuerdo que una de las personas, el primer día, me preguntó qué iba a hacer yo allí con ellos. Me quedé un poco perpleja y le respondí que iba a acompañarlos. Me dijo: “Pues siéntate aquí que te voy a contar algo…”, y me contó un relato de unas ovejas y un chucho, incluyéndose él como protagonista que cuidaba a las ovejas. Cuando volvía cada día venía a saludarme y me pedía que me sentase un tiempo con él, diciéndome: “Quiero que me acompañes”. Esto me lo decía con cierta ironía y también con complicidad, para poder pasear un tiempo solos por el jardín.
El profesional de psiquiatría que nos daba las clases teóricas de enfermería psiquiátrica y psicopatología, el Dr. Fidel Vidal, las impartía con pasión y también fue determinante para decidir que mi futuro profesional estuviese en los cuidados en esta área de conocimiento. Debido a la situación de la especialidad en aquel momento, decidí continuar mi formación en distintos ámbitos: me licencié en Psicología, me formé en terapias grupales y psicodramáticas con la Escuela Argentina de Psicodrama, realicé cursos de doctorado en Antropología, posteriormente un máster en Drogodependencias y, ya en los últimos años, un máster en Protocolo y Relaciones Institucionales y un máster en Violencia de Género.
Durante los años conocí a profesionales de este ámbito de los cuidados de los cuales aprendí mucho, tanto para el ámbito profesional como para el personal.
Quizás esta sea la diferencia con otras especialidades: el conocimiento o formación en aspectos teóricos te ayuda en tu conocimiento personal.
¿Qué aprendizajes personales y profesionales le ha dejado su experiencia en el Hospital de Día de Psiquiatría del Hospital Naval de Ferrol?
Tener una enfermedad mental es algo que puede afectar a cualquier persona y, con los cuidados adecuados, puede tener una vida en la que viva según sus propios valores y creencias. Pienso que el cerebro sigue siendo la “caja negra” del cuerpo humano. Todavía son muchas las incógnitas que tenemos en relación con muchos procesos neurofisiológicos.
En su ponencia en el Congreso hablará de “cuidar para crear un ambiente en la comunidad”. ¿Por qué es tan importante que la salud mental esté presente en la comunidad y no solo en lo hospitalario?
Para empezar, los seres humanos somos seres sociales por naturaleza y no hay quien pueda decir lo contrario. Prueba de esto fue cómo nos vimos afectados cuando, por cuenta del coronavirus, tuvimos que permanecer encerrados durante semanas —o algunos, incluso meses— y lo que esto significó para nuestras vidas; a muchas personas les afectó a su salud mental.
Además, desde que se puso en marcha la Ley General de Sanidad (1986), que otorga el derecho a las personas con un trastorno mental a recibir el tratamiento de su enfermedad en servicios sanitarios y sociales en el ámbito comunitario —los servicios de rehabilitación y reinserción social necesarios para su adecuada atención integral—, la comunidad tiene que estar presente.
Desde siempre, la comunidad proporciona muchos elementos críticos para la salud mental, y destaco tres de los más beneficiosos: apoyo, propósito y sentimiento de pertenencia, lo cual disminuye el sentimiento de soledad.
Socialmente todavía existen tabúes y estigmas culturales y sociales alrededor de la salud mental, por lo que, en la medida en que se integren actividades que permitan el conocimiento mutuo, se podrá llegar más pronto a una normalización de estas prácticas comunitarias, por ejemplo en centros cívicos o asociaciones vecinales. Por otra parte, permite la participación activa en las mismas, dando la posibilidad de ser parte de un proyecto ciudadano.
Nos enfermamos en la sociedad/comunidad, por lo que podemos recuperarnos también en la sociedad/comunidad.
¿Qué iniciativas concretas podrían ayudar a que la comunidad sea un entorno de apoyo y no de exclusión para las personas con enfermedad mental?
Pueden ser de distintos tipos y, en cada área sanitaria, muy diversas. En algunos casos parece muy importante un abordaje multidimensional (interdisciplinar, en red) que resulta imprescindible para responder a las necesidades de las personas con enfermedad mental, sobre todo en los casos en riesgo o situación de exclusión, en un contexto social cada vez más complejo.
En otros casos pueden ser propuestas realizadas desde los servicios, en las que el profesional de enfermería de salud mental realiza alguna actividad con grupos ya establecidos —por ejemplo, en un centro cívico o una asociación de vecinos—: grupos de mujeres de autoconocimiento, grupos de abordaje del duelo, grupos de cuidadores de personas con demencia o para abordar dolencias psicosomáticas, como por ejemplo la fibromialgia, etc.
O también realizar actividades que están ya programadas en la cartera de servicios fuera del dispositivo hospitalario o de salud mental —por ejemplo, una escuela de padres, un grupo multifamiliar o una actividad deportiva— y hacerlas en un centro cívico o en un pabellón deportivo. Se trata de acercar actividades que pueden parecer muy exclusivas del ámbito hospitalario y normalizarlas en un medio ciudadano.
Usted insiste en que “las enfermeras de salud mental estamos presentes”. ¿Qué aporta la enfermería, de manera específica, al cuidado y acompañamiento de estas personas?
En muchos dispositivos la enfermera es el primer profesional al que se acude porque lo consideran el más cercano.
Entre otras, realiza las siguientes aportaciones:
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Escucha activamente y se compromete con la persona a registrar de manera detallada su historia personal, con sus propias palabras, como parte del proceso terapéutico.
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Ayuda a la persona a entender sus experiencias a través de historias personales, anécdotas o metáforas.
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Ayuda a identificar problemas y/o necesidades que afectan a la persona y la ayuda a plantear soluciones.
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Diseña un plan de cuidados basado en las necesidades que plantea la persona.
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Ayuda a utilizar los instrumentos disponibles: en la historia de la persona ha habido cosas que le han funcionado y otras que no; ayudará a utilizar instrumentos para que los ponga en práctica en su propio camino de recuperación.
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Ayuda a la persona a identificar qué la está ayudando y qué no, en los problemas específicos de su vida.
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Ayuda a identificar qué personas o actores de la vida de la persona podrían ayudar en su proceso terapéutico.
En general, muchas personas tienen ideas erróneas sobre la salud mental, como por ejemplo que la depresión es simplemente “sentirse decaído” o que el deterioro cognitivo es parte normal del envejecimiento. La profesional de enfermería de salud mental cree en la potencia del cuidado como proceso vivificante, socializante y de promoción y recuperación de la salud.
El estigma sigue siendo una de las grandes barreras. ¿Qué prejuicios detecta aún en la sociedad y cómo podemos derribarlos?
Creo que aún quedan muchos prejuicios que derribar y uno de los mayores efectos negativos de los estigmas que rodean a la salud mental es que pueden impedir que las personas busquen tratamiento.
Se calcula que casi la mitad de los niños que tienen un trastorno de salud mental no reciben la atención y el apoyo que necesitan.
Para reducir los prejuicios alrededor de la salud mental podemos implementar acciones colectivas e individuales.
El primer paso es proporcionar información precisa sobre los trastornos de salud mental. La educación también puede incluir el uso de la terminología correcta y transmitir tres ideas clave:
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Los trastornos de salud mental son tratables, lo cual permite que las personas se sientan más esperanzadas al buscar tratamiento.
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La salud mental forma parte de la salud general. Hablar de ella como parte de la salud general ayuda a eliminar la vergüenza.
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Hablar de la salud mental como un continuo o rango: “Todo el mundo se siente triste de vez en cuando, algunas veces más que otras”. Esto ayuda a los demás a identificarse con las personas diagnosticadas con una afección de salud mental.
También es importante que las personas afectadas busquen apoyo, se unan a grupos y compartan sus historias personales para desmitificar los trastornos y humanizar la condición. Por ejemplo, en el área sanitaria de Ferrol se puso en marcha un programa de radio, Reflexións dende Canido, realizado por personas usuarias de un hospital de día dentro de una radio comunitaria —Radio Filispim— en el Centro Cívico de Canido, formando parte de una parrilla de programación que aborda distintos temas. En este mismo centro cívico, cuatro veces al mes, acuden para realizar distintas actividades programadas desde el Servicio de Salud Mental del Complexo Universitario Arquitecto Marcide de Ferrol.
Desde su experiencia, ¿ha mejorado la percepción social de la salud mental en los últimos años o queda todavía mucho camino por recorrer?
La percepción de la salud mental se refiere también a cómo las personas entienden y sienten su propio bienestar emocional, psicológico y social, así como a las actitudes de la sociedad hacia los problemas de salud mental y el estigma asociado.
Factores como la pandemia de la COVID-19 han afectado negativamente esta percepción, aumentando la preocupación por la salud mental y la búsqueda de ayuda profesional, a pesar de la persistencia del estigma y la insuficiencia de la atención sanitaria en muchos lugares.
Creo que, en general, hemos avanzado desde explicaciones sobrenaturales a un enfoque científico, humanitario e integrador, destacando la salud mental como un componente esencial del bienestar general, no solo la ausencia de enfermedad.
Es necesario seguir con avances que incluyan la desestigmatización a través de campañas y el uso de testimonios públicos; un mayor acceso a tratamientos mediante telemedicina y aplicaciones; la comprensión de los mecanismos biológicos a través de la neurociencia y la genética; y el uso de tecnologías como la realidad virtual y la inteligencia artificial para mejorar los tratamientos y la prevención.
Este 1 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Enfermería de Salud Mental, en memoria de Hildegard Peplau. ¿Qué significa para usted esta figura y esta conmemoración?
Bien, fue una persona muy importante como creadora del “Modelo de Relaciones Interpersonales”. Además, para nuestra asociación, la AEESME, fue muy importante, ya que siempre nos apoyó desde nuestra creación. Participó como ponente en el V Congreso Nacional de Enfermería de Salud en Vitoria en 1987, durante el cual fue nombrada Socia de Honor por la Asociación, y en el que participaron cientos de enfermeras de toda España, país que ella visitaba por primera vez. Durante años y hasta su fallecimiento mantuvo contacto permanente con la AEESME, animando siempre al esfuerzo y la constancia para la consecución de sus objetivos a favor de las enfermeras de salud mental y el reconocimiento de su especialización.
El modelo de Hildegard E. Peplau consiste en ser capaz de entender la propia conducta para ayudar a los demás a identificar los problemas que sienten y aplicar los principios de las relaciones humanas a las dificultades que surgen en todos los grados de la experiencia. Su planteamiento sigue vigente y su conmemoración es necesaria para fortalecer la identidad, la memoria colectiva y los valores de una comunidad al recordar eventos históricos y culturales significativos, que permiten la reflexión y plantearnos hacia dónde queremos avanzar en los cuidados de enfermería de salud mental.
Las nuevas generaciones necesitan conocer los referentes de donde venimos y sentir cómo se honra a quienes iniciaron este camino. Ella es la madre de la enfermería psiquiátrica.
El próximo Congreso Nacional de Enfermería de Salud Mental tendrá lugar en A Coruña en 2026. ¿Qué supone para Galicia acoger un encuentro de esta magnitud?
La Asociación, en su esfuerzo de difusión por toda España de los cuidados de enfermería de salud mental, celebra por cuarta vez el congreso nacional en Galicia. En 1990 realizó el VIII Congreso en Vigo; en 1996, el XIII en A Coruña; en 2018, el XXXV en Santiago de Compostela; y siempre supuso un impulso y un fortalecimiento de lo que es la enfermería de salud mental a nivel de toda Galicia, no solo en la ciudad en la que se celebra, sino en toda la comunidad. Son días en que todos los medios de comunicación hablan de los cuidados de salud mental y, por supuesto, de la enfermedad mental como algo que en la población general inquieta y preocupa. Es una oportunidad para poner de manifiesto las necesidades y reivindicar los aspectos más urgentes de las personas con problemas de salud mental y sus familias.
Se podrán revisar los planes estratégicos a nivel estatal y autonómico; los distintos gobiernos desarrollan directrices y proporcionan recursos que apoyen un liderazgo enfermero eficaz en las distintas unidades y servicios para dar una respuesta de calidad a los cuidados enfermeros. No deja de suponer un reto, ya que todos los profesionales de la comunidad, debido a la proximidad, aprovecharán la oportunidad para mostrar sus últimos trabajos, tanto los recién llegados a la especialidad como quienes ya tienen una trayectoria en la misma.
Y, por supuesto, será una oportunidad para debatir y conocer nuevas experiencias de distintos profesionales de toda España que nos hablarán, entre otros temas, de la promoción de la salud mental con la comunidad (impulsando el bienestar); del ambiente terapéutico en los cuidados enfermeros (confort y acompañamiento); de cómo mejorar la calidad y seguridad en el cuidado enfermero; de la vivencia de coerción en Hospitalización Psiquiátrica; del estigma y el Trastorno Mental Grave en tiempos de TikTok; del kintsugi emocional (“la herida no es el final, es el principio de la transformación”); de “Lo que la poesía sabe de mí. Su utilidad como instrumento terapéutico”… Además, nos aportarán consejos y sugerencias para elaborar un buen menú de investigación en enfermería de salud mental.
Es la oferta de un menú muy variado presentado en forma de conferencias y talleres que, como siempre, convocará a un millar de profesionales que, además de adquirir conocimientos, tendrán la oportunidad de descubrir aspectos de sí mismas y disfrutar de una ciudad maravillosa que mira al mar, con la alegría que caracteriza a los profesionales de salud mental: ponemos en práctica que la alegría no nos pasa simplemente, sino que tenemos que elegirla y seguir eligiéndola cada día, sin olvidar que la alegría es uno de los ingredientes principales de una buena salud mental.
¿Qué espera transmitir con su intervención a los profesionales que participen en este congreso?
Para mí este es un congreso muy especial, ya que en el anterior que se realizó en 1996 en esta ciudad fui la coordinadora y, de alguna forma, fue el inicio de mi compromiso con la AEESME y el inicio de una nueva etapa en esta asociación.
Casi 30 años después, ya jubilada, imparto un taller; siento que es como un regalo que me hacen las nuevas compañeras y compañeros de la AEESME.
Teniendo en cuenta la temática del congreso —la promoción de la salud mental con la comunidad— propongo el taller “Cuidando para crear un ambiente en mi comunidad”, en el que analizaré, a través de técnicas psicodramáticas, cómo cada participante concibe el cuidado desde la participación en su entorno. Respetando la espontaneidad de las personas asistentes, se plantea el taller desde el esquema de la Escuela Argentina de Psicodrama: tres contextos (social, grupal, dramático), cinco elementos (protagonista, escenario, director, yo-auxiliar, auditorio) y tres etapas (caldeamiento, dramatización y comentario). A partir de un trabajo práctico grupal se extraerán conclusiones que posteriormente se aportarán a las conclusiones finales del congreso.
Aunque ya jubilada, sigue muy vinculada a la profesión. ¿Qué le motiva a continuar activa en este ámbito?
Creo que una nunca deja de ser lo que durante tanto tiempo fue y ejerció con tanta pasión. Esto no se apaga: simplemente se amortigua o se hace con menos prisa. Quiero seguir aprendiendo en esta penúltima etapa de mi vida, y los mejores aprendizajes siempre los logré en el ámbito de la salud mental.
Por otro lado, creo que la vida fue muy generosa conmigo e hizo que conociese a personas maravillosas que me ayudaron a construir la persona que soy hoy en día, y es mi obligación —si puedo— intentar devolver algo.
¿Qué mensaje le gustaría lanzar, con el Día Internacional de la Enfermería de Salud Mental que se ha celebrado esta semana, a las nuevas generaciones de enfermeras de salud mental?
Bueno, primero felicitarlas por poder estar en este ámbito de trabajo; después, recordar que todo el mundo tiene derecho a acceder a una atención de salud mental de calidad y que, muchas veces, ellas tendrán que ser la voz de quienes, por sus características, eligen el silencio pero necesitan ser oídos. Decirles que no dejen nunca de seguir aprendiendo de los que tienen enfrente y al lado… y así también podrán seguir descubriendo sus propios rincones ocultos.
