Alfonso Hermida
Comunicación del Colegio de Enfermería de A Coruña
Más de 70.000 personas viven con una ostomía, un procedimiento quirúrgico que, aunque salva vidas, implica profundos cambios físicos, emocionales y sociales. Cada año 16.000 personas necesita una ostomía, de las que 6.400 serán de por vida. Las enfermeras estomaterapeutas son un apoyo imprescindible para garantizar no solo el cuidado clínico, sino también la salud emocional y la integración social de las personas ostomizadas.
Una de ellas es Silvia Louzao, enfermera estomaterapeuta. Es la responsable de la consulta de Enfermería que desde hace más de 15 años funciona en el Hospital Universitario de A Coruña. Nos atiende en la víspera del Día mundial del paciente ostomizado que se celebra cada año el primer sábado de octubre.
-¿Cómo llegas a especializarte en estomaterapia y qué te motivó a dedicarte a este ámbito tan específico de la Enfermería?
Siempre trabajé en planta de Cirugía General digestiva. Aparte de otras patologías digestivas, había pacientes relacionados con cáncer de colon, sobre todo, que acababan con una ostomía. Después surgió la oportunidad de especializarme. Ya había consulta con una enfermera estomaterapeuta una vez a la semana al principio, y, después, se convirtió en consulta a tiempo completo, de lunes a viernes. Se convocó la plaza por promoción interna y, por méritos y antigüedad, me la dieron a mí. Llevo desde 2012 en la consulta de ostomías.
-¿Cómo es el día a día en vuestra consulta?
Soy la única enfermera en la consulta. Desde hace tiempo, vengo reclamando una segunda profesional porque cada vez el volumen de trabajo es mayor y los pacientes reclaman más tiempo de atención. A día de hoy, se está preparando una compañera que trabaja en la planta de Urología. Desde la primavera, se encarga de los pacientes ostomizados urológicos. Son menos que los digestivos, de los que me sigo encargando.
Además de la consulta presencial, situada en las consultas integradas de la cuarta planta del CHUAC, se hace un seguimiento en planta una vez que pasa por el quirófano y, ya cuando es dado de alta, se hacen revisiones en la consulta. También vía telemática, a través del teléfono o del correo electrónico. Hay revisiones seriadas los dos primeros meses para evaluar su adaptación a la bolsa, vigilar si aparecen complicaciones…
Siempre hay una visita preoperatoria, antes de la operación. Reciben educación sanitaria acerca de la ostomía: higiene, cuidados, tipos de bolsa, se analiza el perfil del paciente (si viene solo, acompañado, cómo vive, con quién, aspecto general, si es dependiente o independiente en sus cuidados…) y se le realiza el marcaje abdominal, es decir, la marca donde va a ir colocada la bolsa.
Cada vez se hacen más ostomías, muchas de ellas temporales gracias a las técnicas quirúrgicas de hoy en día. En las digestivas (colostomías o ileostomías), las definitivas son 1 de cada 3-4.
-¿Cuántos pacientes sueles atender cada día?
Entre primeras visitas, revisiones, llamadas telefónicas y consultas al correo, la media diaria se sitúa entre 15-20 personas. En consulta, 8 o 9 cada día. Al mes, hacemos unas 15-20 ostomías digestivas nuevas y urológicas, entre 3 y 5.
-En el CHUAC se realizaron más de 230 ostomías el pasado año. ¿Qué perfil de pacientes llega a vuestra consulta?
La patología más frecuente en adultos es el cáncer colorrectal. Muchas veces vienen con síntomas y otras son casos que se detectan en el cribado que se hace a partir de los 50 años y que vienen sin síntomas. En menor proporción, vienen pacientes con enfermedad inflamatoria, Crohn o colitis, divertículos, peritonitis, una perforación, alguna fístula… En las ostomías urológicas, la causa más habitual es el cáncer de vejiga.
Se ven todo tipo de estomas, tanto urológicos como digestivos. Puntualmente, tratamos niños cuando llaman desde el Materno. Es un paciente que necesita apoyo profesional antes, durante y después de la intervención. Sin consultas externas como tenemos ahora, el paciente se quedaba olvidado, con problemas que le surgían como complicaciones en las ostomías o fallos en los dispositivos, que requerían de un asesoramiento y un seguimiento.
-Siempre se habla del impacto físico, pero los profesionales insistís mucho en el impacto emocional y social. ¿Cómo viven los pacientes ese primer momento en el que les comunican que necesitan una bolsa?
Para ellos, en general, es un shock. De primeras, lo que más les importa y preocupa es llevar la bolsa. Aunque se intenta normalizar y darle visibilidad a este tipo de pacientes, cuando llegan aquí nuevos pacientes no saben bien lo que es y les afecta. No saben cómo va a ser su día a día, cómo van a asumir los cuidados, si van a ser capaces de cambiar la bolsa, si van a poder trabajar, si van a poder relacionarse con otras personas, si les va a dar olor, si no vas a poder salir de casa, viajar. Con la información de consulta, salen más tranquilos. Cuando se van de alta, la bolsa pasa a ser secundaria y son más importantes el diagnóstico, los tratamientos de quimio y radio… Acaban poco a poco recuperando sus vidas, sus actividades habituales después de su periodo de adaptación pertinente. La ostomía está cada vez más evolucionada. Hoy en día, hay más dispositivos, más accesorios preparados para los momentos que los necesitan como hacer deporte, ir a la playa o mantener relaciones sexuales.
-¿Cuáles son las dudas o miedos más frecuentes de los pacientes?
Sobre todo, miedo a las fugas, que el dispositivo se despegue, problemas de piel, la alimentación, práctica deportiva, vida laboral… Hay algunos que llegan a olvidarse de que tienen bolsa. No todos. Los que saben que la bolsa es temporal, que la van a tener unos meses o un año, se centran solo en ese periodo y saben que, si tienen limitaciones, serán temporales. El ostomizado definitivo es el que se plantea más todas esas cosas. Primero se tiene que recuperar, después tiene que asumir vivir con la bolsa y adaptarse. Y, poco a poco, lo van consiguiendo.
-¿Cómo se abordan en la consulta temas tan delicados como la vuelta al trabajo, las relaciones de pareja o la vida social para que la bolsa no suponga una limitación?
En la primera visita, les enseño una bolsa, cómo son los cuidados y les informo cómo va a ser el estoma, la ubicación. Se les vuelve a repetir en el postoperatorio y se les da toda la documentación por escrito. Cuando vuelven a consulta, al cabo de dos o tres semanas, se encuentran mejor y empiezan a preguntar las dudas sobre actividades cotidianas. La sexualidad se ve afectada en alguna patología y son reacios a tratar el asunto. Preguntan más los hombres que las mujeres. Pero preguntan más sobre si se van a poder incorporar al trabajo, si van a poder viajar, salir, hacer deporte, si se les va a notar, las comidas que provocan más deposiciones, la sudoración que afecta al dispositivo… Les preocupan las relaciones sociales, sobre todo a las personas más jóvenes. Cuando rompen el hielo preguntando por un tema, aprovechamos y tocamos todo.
-El reconocimiento nacional que recibió la consulta del CHUAC destaca por la humanización. ¿De qué forma habéis trabajado la humanización en la atención a una persona ostomizada?
Es un galardón por la atención integral al paciente ostomizado en esta consulta, por el reconocimiento que se hace en planta a los pacientes y por el seguimiento que se les hace cuando se van de alta. El reconocimiento es tanto para el equipo de Enfermería como para el equipo médico. También para los cuidados al final de la vida que se hacen en colaboración con el equipo de Oncología. Esta consulta de Enfermería les queda abierta para el resto de su vida. En cualquier momento pueden llamar si tiene algún problema. Mejoramos la calidad de vida del paciente.
-¿Qué ha significado este premio para el equipo?
Orgullo y mucha satisfacción. Para los pacientes también ha sido importante y nos felicitan. Nos da mucho ánimo para seguir trabajando, involucrándonos con los pacientes, intentando ayudarles y atenderlos en todo lo que ellos pidan.
-Habrá pacientes que nunca reciben el alta.
Yo tengo pacientes que ya llevan muchos años con nosotros. Muchos vienen a revisión todos los años. Les da confianza y seguridad tener una cita anual. Son unos pacientes que les gusta estar ligado a la consulta. Son muy agradecidos.
-En España se estima que hay más de 70.000 personas ostomizadas, pero no siempre hay suficientes estomaterapeutas. ¿Cuáles son, a su juicio, los principales retos para reforzar este ámbito de la Enfermería?
La contratación de personal para este tipo de consultas es el principal objetivo. O, como es el caso, intentar reforzar con enfermeras que ya están en plantilla en las consultas quirúrgicas. Es un trabajo que marca mucho. Una persona sola es inviable. El CHUAC es el hospital gallego con más ostomías al año. En otros que trabajan también a tiempo completo, como son Vigo, Santiago y Pontevedra, hay dos enfermeras estomaterapeutas. Son necesarias para una atención de calidad.
Es muy importante también la formación. Desde que empecé, he realizado el Curso de Experto en Ostomías en Madrid, un Máster y, con las casas comerciales, estamos continuamente yendo a talleres, a foros, a congresos, presentaciones de producto. También hacemos cursos con los enfermeros que hacen la especialidad de Familiar y Comunitaria y que van rotando por nuestra consulta. También los alumnos del Curso de Experto de Ostomías vienen a realizar prácticas al CHUAC, centro colaborador docente. Tienes que estar formándote y actualizándote para transmitírselo después a los alumnos. Es un trabajo que requiere constante formación, porque el mundo de la ostomía evoluciona mucho.
