La Unidad de quemados del CHUAC entra en la élite europea: “Funcionamos como un hospital dentro del hospital”

Alfonso Hermida
Comunicación del Colegio de Enfermería de A Coruña

La Unidad de quemados del CHUAC acaba de obtener la acreditación de la EBA (Asociación Europea de Quemados). Una certificación que poseen muy pocos centros en Europa y que garantiza el cumplimiento de los más altos estándares de atención, docencia y práctica médica en el campo de este tipo de lesiones. Con la obtención de esta acreditación, se convierte en la segunda Unidad de quemados de un hospital español que la consigue, después del Hospital Universitario Vall d´Hebrón.

David Babío es el supervisor de la Unidad de Quemados desde el pasado mes de julio tras tres años de experiencia como enfermero en esa Unidad y quince en la de críticos.

-¿Qué supone para la Unidad ser la segunda de España en recibir la acreditación de la EBA?

En primer lugar, un reconocimiento a todo el personal que ha pasado por la Unidad y que con su esfuerzo, dedicación y buen hacer, nos ha marcado el camino a seguir a las posteriores generaciones, que no puede ser otro que el de la excelencia. En segundo lugar, orgullo de pertenecer a una Unidad con los más altos estándares de calidad y que se codea de tú a tú con cualquier unidad de quemados a nivel europeo.

-¿En qué se traduce esa acreditación para el profesional y para la ciudadanía? 

Para el profesional sanitario de nuestra Unidad, significa que tiene a su alcance todos los recursos materiales y humanos necesarios para que pueda realizar su trabajo de manera excelente.

Podríamos decir que para el ciudadano de a pie se traduce en que puede estar seguro de que aquí, en nuestra comunidad autónoma, tenemos una unidad de quemados donde, en caso de necesitarlo, se le van a aplicar los mejores cuidados y tratamientos que existen, eliminando de la ecuación este factor de  incertidumbre que es ¿si me fuese a X hospital, me harían un mejor tratamiento?

-¿Cuál ha sido el reto más difícil de superar para Enfermería a la hora de conseguir esta certificación?

A mi modo de ver, lo más complicado fue eliminar viejos atavismos, muy enraizados en la práctica diaria, y cambiarlos por cuidados basados en la evidencia científica. Salir de nuestra zona de confort cuesta mucho, pero es lo que nos lleva a avanzar y descubrir nuevos procedimientos y materiales para poder así conseguir mejores resultados.

-¿Cómo es día a día en la Unidad de quemados?

Nuestra Unidad de quemados funciona como un pequeño hospital dentro del hospital, así que nuestra actividad es muy variada. Dos veces por semana, en nuestra zona de consultas externas, atendemos a pacientes derivados de Atención Primaria y también pacientes que dimos de alta en la Unidad y vienen para seguimiento de sus heridas.

Tenemos quirófano dentro de la Unidad y, dos veces por semana, programamos cirugía a pacientes ingresados, bien sea por quemaduras o que precisan cirugía para corregir secuelas de estas. También tenemos tres boxes para pacientes críticos, en los cuales atendemos no solo al paciente quemado crítico, sino también a pacientes con síndrome de Steven Johnson, NET ycdemás patologías que cursan con un alto porcentaje de pérdida de la integridad cutánea.

Además también tenemos cinco habitaciones individuales en las que se trata a pacientes estables y que funciona como una planta de hospitalización.

Por si fuera poco, también contamos con una habitación pediátrica doble, ya que un buen porcentaje de nuestros pacientes son niños. Nuestro servicio es muy variado y complejo, la actividad siempre es intensa y, dependiendo de la demanda asistencial, como en este verano, puede llegar a ser abrumadora.

-¿Cuántas enfermeras trabajan en la Unidad?

Tenemos una plantilla estable de 15 enfermeras, pero, en momentos de alta demanda asistencial, la plantilla se ve aumentada con enfermeras de refuerzo.

-¿Cómo se gestiona un equipo tan amplio y con un ritmo asistencial tan intenso?

A veces es complicado, pero, por lo general, la enfermera de quemados es una persona muy implicada con la Unidad y, sobre todo, con el paciente. Esto facilita mucho las cosas a la hora de gestionar el servicio y es muy de agradecer.

-¿Cómo se forma una enfermera para trabajar en una Unidad tan específica?

Por norma general, las enfermeras que se integran en el equipo de la Unidad de quemados tienen experiencia previa con pacientes críticos (UCI, REA...) o en quirófano y, a partir de esa base, trabajamos en completar las carencias individuales de cada enfermera. Para tratar de cubrir todas las necesidades formativas del personal, nos ayudamos de una planificación anual de formación.

-El paciente quemado combina dolor extremo, riesgo de infección e impacto psicológico. ¿Cómo se prioriza la atención cuando todo es tan urgente?

A mi modo de ver, lo primordial es el alivio del dolor, para a partir de ahí poder hacer una buena valoración de la quemadura, poder aplicar el cuidado correcto al lecho de la herida y así minimizar el dolor, el riesgo de infección, las secuelas y, por lo tanto, reducir el impacto psicológico.  

-El año pasado tuvisteis 145 ingresos y más de 2.500 consultas ¿Habéis notado un cambio en el perfil del paciente en los últimos años?

Aunque seguimos atendiendo a un buen número de pacientes que se queman en el entorno laboral, gracias a las mejoras en prevención de riesgos laborales y en las mejoras en temas de seguridad vial, vemos que la mayoría de los pacientes se queman en sus hogares, predominando sobre todo gente mayor.

-¿Y en la tipología de las quemaduras?

La mayor parte son quemaduras por contacto y deflagración al emplear algún tipo de acelerante líquido para iniciar un fuego.

-¿De qué forma ha mejorado la tecnología el trabajo de los profesionales de la Unidad?

Al considerar al paciente quemado como un paciente crítico, toda la tecnología que se emplea en las unidades de críticos se vuelca en esta tipología de pacientes. Destacan la monitorización hemodinámica avanzada, para optimizar la reanimación, y la ventilación mecánica para tratar el síndrome inhalatorio. 

-En el caso de los críticos, ¿qué supone disponer de boxes con control de presión y temperatura? ¿Qué impacto real tiene en el pronóstico de los pacientes?

La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano y, entre otras muchas funciones, destacan la de ser la primera y más importante barrera defensiva de nuestro organismo y la de mantener la normotermia.

Por estas dos razones, tener boxes con control de temperatura y presión positiva en la Unidad de quemados es fundamental. La presión positiva minimiza el riesgo de infección al alejar los gérmenes del entorno del paciente y el control ambiental de la temperatura facilita mantenerlo con una temperatura estable. Así se evitan oscilaciones, las cuales tienen mucho impacto hemodinámico, se previene la vasoconstricción para mejorar el riego de las zonas afectadas facilitando así una mejor y más pronta regeneración. También nos permite aplicar tratamientos de hipotermia controlada y disminuir el empleo de antitérmicos.

-¿Hay algún avance reciente en técnicas de curas, injertos o control del dolor que estéis aplicando ya en la Unidad? 

Sí, por supuesto, la aplicación de desbridantes enzimáticos bajo sedación consciente y el empleo de nuevas membranas sintéticas disminuyen las necesidades de cirugía y autoinjertos. Las técnicas de cura húmeda para mantener el lecho de la herida limpia permiten espaciar el tiempo entre curas disminuyendo así el estrés y el dolor del paciente, por no hablar de las cargas de trabajo.

-La acreditación abre la puerta a colaboraciones europeas. ¿Veremos pronto a enfermeras del CHUAC formándose en otros países o recibiendo a colegas europeos para aprender de sus técnicas?

Eso espero. Por ahora es una idea en un estado germinal, en la cual estamos dando los primeros pasos. Espero que florezca y se convierta en algo cotidiano, ya que el intercambio de experiencias, procedimientos y técnicas es muy enriquecedor y favorece crear sinergias entre profesionales y entidades sanitarias.


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