Las enfermeras Inés Rial Carrillo y María Cristina Pérez Ferro, del servicio de Radiología del área sanitaria de Santiago (CHUS), han recibido un reconocimiento nacional por un trabajo que revisa y estandariza los cuidados enfermeros en la sonocistografía pediátrica, una técnica diagnóstica clave para detectar trastornos urológicos en la infancia. Su propuesta pone el foco en la seguridad, la experiencia del paciente y la eficiencia asistencial, y evidencia el papel que la enfermería radiológica puede desempeñar en la mejora de procedimientos complejos mediante investigación y protocolos basados en evidencia.
En esta conversación, ambas profesionales reflexionan sobre el significado del premio, explican la relevancia clínica de la sonocistografía y analizan el papel de la enfermería radiológica en pediatría, así como los retos y oportunidades de investigar desde la práctica asistencial.
— ¿Qué ha significado para vosotras recibir este primer premio nacional en un congreso tan relevante como el de la Sociedad Española de Enfermería Radiológica?
— Recibir este premio significa una gran satisfacción para nosotras. Representa un reconocimiento, tanto al realizado en esta revisión, como al que realizamos cada día con nuestros pacientes. Este premio nos promueve a seguir investigando en los cuidados enfermeros en el ámbito de la radiología.
— ¿Os esperabais un reconocimiento así o sorprende que una revisión de cuidados ponga el foco en un procedimiento tan específico como la sonocistografía?
— La verdad es que fue una sorpresa. La sonocistografía es un procedimiento específico y poco habitual, por ello, no pensábamos que iba a suscitar tanto interés. Para nosotras, aunque esta técnica no se realiza de forma asidua, era importante realizar una revisión actualizada de la misma desde el punto de vista enfermero.
— Para quienes no están familiarizados con la sonocistografía, ¿cómo explicaríais este procedimiento y por qué se ha vuelto tan esencial en pediatría?
— Es una técnica diagnóstica que emplea los ultrasonidos para examinar la vejiga urinaria y el sistema urinario en general. Este método implica la colocación de una pequeña sonda vesical y la administración de contraste a través de la misma. De esta manera, se puede visualizar cómo se llena y vacía la vejiga, así como identificar posibles problemas, como el reflujo vesicoureteral.
La relevancia de este procedimiento en el ámbito pediátrico ha crecido por diversas razones. Se trata de un método no invasivo, ya que utiliza la ecografía, a diferencia de otras pruebas que pueden requerir cirugía o radiación. Facilita la detección temprana de problemas urinarios, como el reflujo vesicoureteral, anomalías en el tracto urinario o infecciones recurrentes.
— ¿Qué aporta frente a otras técnicas que emplean radiación? ¿Percibís que las familias lo reciben con mayor tranquilidad?
— La sonocistografía se caracteriza por no usar radiación, lo que la convierte en una alternativa considerablemente más segura en comparación con otras técnicas diagnósticas, como la cistografía tradicional con contraste, la cual requiere introducir un medio de contraste en la vejiga y realizar radiografías.
Al ser un procedimiento no invasivo suele ser menos estresante para los niños y niñas. Aunque requiere algo de preparación, no demanda esfuerzos significativos ni técnicas complicadas, lo que lo hace menos intimidante para los pequeños y sus padres.
Gracias a su carácter seguro y libre de riesgos de radiación, la sonocistografía puede llevarse a cabo tantas veces como sea necesario para mantener un seguimiento riguroso de la salud del niño o niña. Esto resulta particularmente beneficioso en el caso de los pacientes con condiciones crónicas que requieren atención constante, como ocurre con el reflujo vesicoureteral.
Las familias tienden a mostrar un nivel de relajación superior al optar por la sonocistografía en lugar de otras técnicas que implican radiación. Además, la facilidad del proceso y su rapidez hacen que los padres se sientan más a gusto con el mismo.
— En vuestro estudio destacáis que la preparación y los cuidados enfermeros son determinantes para el éxito de la prueba. ¿En qué aspectos se nota más esa diferencia?
— Esta diferencia se aprecia en la calidad técnica de la prueba y en la propia experiencia del niño o niña. Una correcta preparación enfermera supone que estos pacientes estén bien informados, lo que fomenta un ambiente tranquilo y, por tanto, una mayor cooperación.
Precisamente, si hay una buena cooperación, se reduce el riesgo de complicaciones, puesto que la técnica se puede realizar de una forma más segura y dinámica. Por ejemplo, facilita el sondaje vesical, manteniendo la esterilidad de forma óptima y disminuyendo el riesgo de contaminación, así como identificar cualquier molestia que pueda presentarse durante el procedimiento.
— ¿Cuáles son las necesidades específicas de un niño o niña cuando se somete a una prueba de este tipo? ¿Cómo se aborda la ansiedad o el miedo?
— Como en cualquier intervención enfermera, no solo importa realizar la técnica de forma correcta, sino también adaptarse a las características individuales de cada paciente. Concretamente, en el caso de los niños y niñas es fundamental explicar el procedimiento en un lenguaje adecuado a su edad. Esto ayuda a disminuir la ansiedad e incrementa la percepción del niño o niña de seguridad y favorece una mayor colaboración durante el procedimiento.
En relación al abordaje de la ansiedad y el miedo, además de explicar todo el procedimiento mediante una comunicación calmada y respetuosa, se pueden llevar a cabo técnicas de distracción con juegos. En este sentido, el acompañamiento de al menos uno de los progenitores es fundamental para generar un ambiente seguro para el niño o niña.
— ¿Qué medidas garantizan la seguridad del paciente pediátrico cuando se utiliza un agente de contraste con microburbujas como SonoVue®?
— De forma general, antes de iniciar el procedimiento es imprescindible revisar la historia clínica del paciente prestando atención a los antecedentes clínicos relevantes y alergias. Asimismo, hay que garantizar la manipulación estéril durante el sondaje vesical, asegurar que la vía de administración y que la dosis del contraste sea correcta.
De todas formas, hasta la fecha el uso de SonoVue® a nivel intravesical en pacientes pediátricos no se asoció con ningún tipo de complicaciones relevantes más allá de las ligadas al propio sondaje vesical.
— La revisión bibliográfica os permitió definir un protocolo de cuidados claro. ¿Qué fue lo más complejo de consensuar o estructurar?
— Existe mucha información sobre este tema, pero lo más complejo fue seleccionar la más relevante y adaptarla al punto de vista de enfermería.
— ¿Este nuevo protocolo modifica la práctica habitual? ¿Qué cambios está introduciendo en el día a día de la unidad?
En realidad, el protocolo no modifica la práctica habitual, sino que más bien la estandariza y contribuye a que el procedimiento enfermero sea más homogéneo.
— ¿Creéis que este tipo de protocolos deberían estandarizarse a nivel nacional?
— Efectivamente. La realización de protocolos enfermeros basados en la evidencia científica facilita la formación de los profesionales, disminuye el riesgo de complicaciones y garantiza una actividad asistencial sustentada en criterios científicos.
— ¿Habéis notado ya una mejora en la calidad de los estudios o en la experiencia de los pacientes a partir de este enfoque más estructurado de los cuidados?
— Hemos observado una mejor coordinación entre profesionales y una mayor humanización percibida por los familiares y los pacientes.
— ¿Qué indicadores os permiten evaluar que el procedimiento es más seguro y eficiente cuando Enfermería tiene un papel activo en la preparación, acompañamiento y cuidado?
— Permite disminuir el riesgo de complicaciones durante la prueba y los estudios incompletos, ya que el paciente coopera más. Además, se pueden identificar de forma precoz y efectiva molestias durante la prueba. Por otra parte, se percibe una mayor sincronización de todos los profesionales implicados y una mayor optimización del tiempo empleado.
— Desde vuestra experiencia, ¿cuál es el principal valor añadido que aporta la Enfermería Radiológica en pediatría?
— La Enfermería Radiológica en el ámbito pediátrico desempeña un papel fundamental al convertir procedimientos que pueden ser percibidos como amenazantes en vivencias más humanas, seguras y con apoyo, sin perder la precisión técnica requerida en radiología.
Las enfermeras combinan habilidades técnicas con un acompañamiento emocional, ajustando su forma de comunicarse de acuerdo a la edad del niño o niña. Esto no solo disminuye la ansiedad, sino que también fomenta la cooperación del paciente, lo que a su vez mejora la calidad de las imágenes y evita la necesidad de repetir exploraciones.
Entre sus responsabilidades se encuentra garantizar la seguridad del paciente a lo largo de todo el procedimiento. Esto incluye la preparación del niño o niña, la administración y supervisión del agente de contraste, el monitoreo de los signos vitales y el estricto cumplimiento de los protocolos de protección radiológica.
Asimismo, se esfuerzan por mantener una comunicación clara con los padres, respondiendo a sus inquietudes y fomentando un ambiente de confianza. También se encargan de facilitar la coordinación del trámite, manejando el flujo de trabajo, los insumos y la interacción entre las áreas de pediatría y radiología para asegurar que los estudios se realicen de manera óptima.
— ¿Consideráis que este tipo de trabajos da visibilidad al potencial investigador de las enfermeras en los servicios de Radiología? ¿Sigue faltando reconocimiento?
— Sí, sin duda estos trabajos dan visibilidad al potencial investigador de las enfermeras y ponen en valor nuestra capacidad para innovar y mejorar la práctica clínica. Sin embargo, aún hace falta más reconocimiento institucional y más apoyo para que la investigación enfermera tenga el lugar que merece en los servicios de Radiología.
La investigación en radiología realizada por enfermeras demuestra que nuestro rol va mucho más allá de la asistencia directa. Permite evidenciar que somos capaces de generar conocimiento propio, específico de nuestro ámbito, podemos mejorar procedimientos, optimizar circuitos y aumentar la seguridad del paciente desde una perspectiva muy cercana al cuidado.
Publicar, presentar en congresos o impulsar proyectos de investigación posiciona a la enfermería como un agente activo en la innovación de este servicio.
A pesar de los avances, todavía existen desafíos. Por una parte, no siempre se dispone de tiempo protegido para investigar, falta estructura, apoyo institucional y financiación específica para proyectos liderados por enfermería. Además, en algunos entornos persisten ideas tradicionales sobre el papel de la enfermera, lo que dificulta la consolidación del perfil investigador. La producción científica de enfermería sigue siendo menos visible y menos citada que la de otras disciplinas.
El reconocimiento está creciendo, sí, pero aún queda camino para que se vea la investigación enfermera como un pilar fundamental en la mejora de los servicios de Radiología.
— ¿Qué os gustaría que la ciudadanía supiera sobre el trabajo que realizáis en este ámbito tan especializado?
— Nos gustaría que la ciudadanía conociera que el trabajo en la Enfermería Radiológica es mucho más que “hacer pruebas”. Es un ámbito altamente especializado en el que combinamos tecnología avanzada, seguridad, comunicación humana y cuidado integral, especialmente cuando se trata de niños y niñas. Somos profesionales altamente cualificados, trabajamos para que las pruebas sean lo menos estresantes posibles, acompañando, explicando y adaptándonos a cada paciente y a cada familia.
Nuestra labor influye directamente en el diagnóstico temprano y preciso, lo que permite tratamientos más eficaces y mejores resultados en la salud. En pediatría, además, somos un apoyo emocional: convertimos un procedimiento que puede dar miedo en una experiencia más llevadera y humana.
En definitiva, nos gustaría que las personas supieran que detrás de cada imagen diagnóstica hay un equipo de personal técnico y de enfermería radiológica comprometido, preparado y profundamente implicado en el bienestar de los pacientes. Somos un pilar silencioso, pero esencial, en el proceso diagnóstico.
— ¿Tenéis previsto ampliar esta línea de investigación o explorar otros procedimientos en Radiología Pediátrica donde también sería útil una revisión de cuidados?
— Sí, estamos pensando en realizar otra revisión en Radiología Pediátrica, siguiendo la misma línea que llevamos a cabo con la sonocistografía. Además, estamos considerando nuevas ideas de investigación en el ámbito de la radiología de adultos.
— ¿Qué les diríais a otras compañeras que tienen inquietud investigadora pero quizá no saben cómo dar el primer paso?
— Les diríamos que busquen un tema de la práctica diaria sobre el que investigar. Es importante encontrar el apoyo de los compañeros para realizar investigación con los que se puedan debatir temas y servir de apoyo para el proceso de investigación.
— Tras este premio, ¿qué momento o aprendizaje os lleváis con más cariño de todo este proceso?
—El momento que más valoramos de este proceso es el trabajo en equipo y la dedicación diaria que tenemos con los pacientes en nuestra actividad asistencial todos los días.
— ¿Qué os motiva a seguir investigando y aportando al desarrollo de la Enfermería Radiológica?
— Lo que nos motiva a seguir investigando es la creencia firme de que la investigación en todas sus modalidades contribuye a mejorar los cuidados y la seguridad del paciente en la práctica enfermera en radiología.
