Enfermería y prevención del cáncer de cuello uterino: claves del cribado y la vacunación

Mónica Martínez
Comunicacion Colegio de Enfermería de A Coruña
 

La prevención del cáncer de cuello uterino se apoya hoy en dos herramientas clave: la vacunación frente al virus del papiloma humano (VPH) y los programas de cribado poblacional. Coincidiendo con la Semana Europea de Prevención del Cáncer de Cuello Uterino, hablamos con María López Abuín, matrona en O Pobra do Caramiñal, sobre el papel fundamental de la enfermería en la educación sanitaria, la detección precoz y el acompañamiento a las mujeres ante el miedo, la desinformación y las dudas que aún rodean a esta enfermedad altamente prevenible.

— La Semana Europea de Prevención del Cáncer de Cuello Uterino puso el foco en la vacunación y el cribado. ¿Por qué sigue siendo tan importante insistir en estos mensajes en 2026?

— Porque hablamos de prevención. La vacunación puede disminuir de forma muy importante la incidencia de la infección por el virus del papiloma humano (VPH), que está detrás de aproximadamente el 99 % de los cánceres de cuello uterino cuando la infección se mantiene en el tiempo. Hay estudios que indican que la vacuna puede reducir hasta en un 80 % la incidencia de la infección.

Además, el cribado actual, basado en la detección del VPH, permite identificar lesiones de forma más precoz que el sistema anterior. Vacunación y cribado son dos pilares fundamentales y complementarios.

— Desde tu experiencia como enfermera, ¿dirías que la población es consciente de que el cáncer de cuello uterino es uno de los más prevenibles?

— No, en general no. Existe mucho desconocimiento, incluso a nivel anatómico. Muchas mujeres no identifican bien qué es el cuello uterino ni qué patologías lo afectan. Además, sigue sin estar claro para muchas personas que este cáncer está causado por una infección. Ese desconocimiento hace que no se perciba como una enfermedad altamente prevenible, cuando en realidad lo es.

— ¿Qué papel desempeña la enfermería en la prevención del cáncer de cérvix, tanto en Atención Primaria como en otros ámbitos asistenciales?

— Un papel clave. La captación de pacientes es fundamental: informar, insistir, derivar y acompañar. También explicar los beneficios de la prevención, orientar sobre los síntomas en fases más avanzadas y, sobre todo, facilitar que las personas entren y permanezcan en los programas de cribado.

— En el contacto diario con las pacientes, ¿cuáles son las principales dudas o miedos que detectáis en relación con el VPH y las pruebas de cribado?

— Uno de los miedos más frecuentes, sobre todo en mujeres de mayor edad, es asociar un resultado positivo de VPH con una infidelidad reciente. Esto genera muchísima ansiedad y conflictos personales. Es complicado explicar que el virus puede estar presente durante décadas sin manifestarse y que no implica necesariamente una infección reciente.

También cuesta mucho diferenciar entre tener el virus, tener una lesión precancerosa y tener un cáncer. Esa distinción es clave y requiere tiempo y explicaciones claras. Muchas mujeres lo pasan realmente mal hasta que logran entenderlo.

— La infección por el VPH es muy frecuente y, en la mayoría de los casos, transitoria. ¿Por qué es tan importante transmitir este mensaje con claridad?

Porque ayuda a reducir el miedo. Lo más habitual es que el virus desaparezca solo y no cause ninguna lesión. Si las mujeres entienden esto, afrontan los resultados con menos angustia y confían más en el seguimiento.

— Aún existen reticencias hacia la vacuna del VPH. ¿Qué argumentos basados en la evidencia utilizáis las enfermeras para combatir la desinformación?

Persisten miedos derivados de informaciones antiguas sobre supuestos efectos graves, que no se han confirmado. Explicamos que los efectos secundarios habituales son leves —dolor local, algo de fiebre— y que los efectos graves son extremadamente raros. No hay evidencia científica de problemas a largo plazo asociados a la vacuna.

De hecho, muchas madres que en su momento decidieron no vacunar a sus hijas reconocen ahora que fue un error, al ver que no ha ocurrido nada y que la vacuna es segura.

— ¿Crees que la ampliación de la vacunación a varones está ayudando a normalizar y reforzar la prevención?

Sí, sin duda. Existe la falsa idea de que el VPH solo afecta a las mujeres. Cuando explicas que los varones también pueden desarrollar cáncer de garganta, de ano o de pene relacionados con el virus, la percepción cambia. Entender que la vacunación protege a toda la población ayuda a normalizarla y a reducir resistencias.

— Durante años, la citología fue la principal herramienta de cribado. ¿Cómo ha cambiado el abordaje con la incorporación de las pruebas de detección del VPH?

Ha cambiado para bien. La citología detecta lesiones ya existentes, pero no el riesgo de desarrollarlas. La prueba de VPH identifica la presencia del virus y permite un seguimiento más estrecho de las personas con riesgo, incluso aunque la citología sea normal.

Antes, con una citología normal, el control se hacía cada tres años. Ahora, si hay VPH positivo, se adelanta el seguimiento al año. Y si el resultado es negativo, el intervalo puede ampliarse hasta cinco años, con mayor seguridad que antes.

— Muchas mujeres sienten inquietud ante un resultado alterado. ¿Cómo puede la enfermería ayudar a contextualizar estos resultados y evitar alarmas innecesarias?

Explicando que lo más frecuente es que el virus desaparezca sin causar lesiones. También hablamos de factores de riesgo, como el tabaco, y de la importancia de fortalecer el sistema inmunitario.

Cuando hay lesiones, incluso de alto grado, existen tratamientos eficaces y poco agresivos. Si una mujer está dentro del programa de cribado, es muy poco probable que se llegue a una situación grave. Ese mensaje tranquiliza mucho.

— ¿Qué importancia tiene la detección precoz no solo en la supervivencia, sino también en la preservación de la fertilidad y la calidad de vida?

Es fundamental. Cuanto antes se detecta una lesión, menos agresivo será el tratamiento. En fases iniciales se pueden realizar intervenciones limitadas que preservan el útero y la fertilidad. En cambio, los diagnósticos tardíos pueden requerir tratamientos mucho más agresivos, como cirugías extensas o quimioterapia.

— ¿Qué colectivos consideras prioritarios a la hora de reforzar la educación sanitaria sobre cáncer de cuello uterino?

Por un lado, las personas que inician la vacunación y sus familias. Por otro, las mujeres en el rango de edad con mayor incidencia, entre los 35 y los 50 años. También es importante llegar a personas con más dificultades de acceso al sistema sanitario, aunque en general la participación en los programas de cribado es bastante alta.

— ¿Detectáis desigualdades en el acceso al cribado o a la información?

El cribado está bastante bien organizado y se avisa activamente a la población diana. Donde sí existen más dificultades es en la vacunación fuera de los programas públicos, ya que el coste puede ser una barrera para algunas personas. Aun así, el acceso a las consultas de matrona y al cribado es, en general, adecuado.

— La Organización Mundial de la Salud habla de la estrategia 90-70-90 para eliminar el cáncer de cérvix como problema de salud pública. ¿Es un objetivo realista desde el punto de vista asistencial?

Creo que sí, pero a largo plazo. Hace falta tiempo. Hay una parte importante de la población adulta que no está vacunada porque la vacunación comenzó hace relativamente poco. A medida que aumente la cobertura y pasen los años, será un objetivo alcanzable.

— ¿Qué avances te gustaría ver en los próximos años en prevención y seguimiento del cáncer de cuello uterino?

La vacunación de toda la población sería ideal. También el desarrollo de los autotest para el cribado, que facilitarán aún más el acceso. El sistema actual funciona bien, pero necesita tiempo para consolidarse.

— Para terminar, ¿qué mensaje lanzarías a las mujeres —y a todas las personas con cuello uterino— que aún no participan en los programas de cribado o no han vacunado a sus hijas e hijos?

— Que la vacunación es esencial, sencilla y mucho más beneficiosa que arriesgada. Las reacciones graves son rarísimas y no hay evidencia de problemas a largo plazo. Y que el cribado también es fácil, incluso se puede hacer desde casa en algunos casos. Participar en estos programas salva vidas y evita tratamientos agresivos. Es una inversión en salud a largo plazo.


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