Con motivo del 14 de febrero, Día Mundial de las Cardiopatías Congénitas, conversamos con Elena del Jesus y Elena González, enfermeras de la unidad de Puerperio en el área materno-infantil del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (CHUAC), sobre el cribado neonatal con pulsioximetría implantado en Galicia, la detección precoz y el papel de la enfermería en los primeros momentos de vida.
— Cuando hablamos de cardiopatías congénitas, ¿de qué estamos hablando exactamente y por qué es tan importante detectarlas en las primeras horas de vida?
— Hablamos, sobre todo, de las cardiopatías congénitas críticas, que son anomalías cardíacas que comprometen gravemente la salud del recién nacido y que pueden requerir intervención médica o quirúrgica en los primeros días o semanas de vida. Pueden pasar desapercibidas al nacimiento y, antes de que aparezcan los síntomas, es cuando hacemos el cribado neonatal para detectarlas precozmente.
— Desde vuestra experiencia en puerperio, ¿en qué momento entra en juego la enfermería en la detección de una posible cardiopatía congénita?
— Desde el primer momento. Recibimos al bebé y hacemos una valoración general: el color, cómo reacciona, cómo responde, la temperatura. Después, entre las 12 y 24 primeras horas de vida, realizamos la prueba de pulsioximetría. Ahí ya contamos con datos objetivos que nos permiten valorar si el cribado es normal o si es positivo.
— Galicia ha puesto en marcha el cribado neonatal con pulsioximetría en las primeras 24 horas. ¿Qué supone este avance en la práctica diaria del personal de enfermería?
— Supone una responsabilidad más y un cuidado más. Es una forma objetiva de cribar y detectar estas cardiopatías críticas.
— La pulsioximetría es una prueba sencilla y no invasiva. ¿Por qué algo tan simple puede marcar una diferencia tan grande en la vida de un recién nacido?
— Es una prueba salvavidas: no invasiva, sencilla, indolora, rápida, segura y barata. Y, aun así, puede marcar una diferencia enorme porque permite detectar alteraciones antes de que el bebé presente síntomas graves.
— Más allá de los protocolos, ¿qué señales observa una enfermera que pueden hacer saltar la alerta incluso antes de una prueba diagnóstica?
— Sobre todo la coloración y la dificultad respiratoria. También hay que tener en cuenta que en los recién nacidos puede existir una cianosis periférica que puede ser normal. Por eso la prueba se realiza a partir de las 12 horas de vida, cuando el sistema circulatorio empieza a madurar un poco más.
— ¿Es una patología habitual?
— No. La incidencia es de uno a dos por mil. Además, durante el embarazo se realizan ecografías específicas que en algunos casos ya detectan problemas. Este cribado sirve para identificar aquellas cardiopatías que no se han diagnosticado previamente.
— ¿Cómo se acompaña a una familia cuando surge la sospecha de una cardiopatía congénita en un bebé que acaba de nacer?
— Lo primero es tranquilizar. En el nacimiento las familias viven con mucha intensidad y preocupación por que todo esté bien. Si hay alguna sospecha o el cribado es positivo, nuestra labor es cuidar, acompañar, prevenir y educar. Es un trabajo amplio que combina información y apoyo.
— Cuando una prueba da positivo, ¿cómo es la coordinación con pediatría y neonatología?
— Es inmediata. Avisamos al pediatra, el pediatra valora al bebé y decide qué pasos seguir. En un hospital de máximo nivel como el nuestro, incluso con cirugía cardíaca en el propio centro, todo es muy rápido.
— Como profesionales sanitarias, ¿qué mensaje lanzaríais a las futuras madres sobre los cuidados durante el embarazo en relación con la salud cardíaca del bebé?
— Que estén tranquilas. Existe un buen cribado durante el embarazo mediante las ecografías y, después del nacimiento, esta segunda prueba aporta una seguridad añadida.
— ¿Por qué es importante que exista el Día Mundial de las Cardiopatías Congénitas?
— Por visibilidad. Muchas madres no son conscientes de que esta patología puede aparecer, porque al tratarse de algo interno no siempre se piensa en ello. Estos días ayudan a concienciar y a poner el foco en la salud del recién nacido.
— Después de vuestra experiencia en puerperio, ¿qué os ha enseñado trabajar tan cerca del inicio de la vida?
— Que las familias necesitan sentirse arropadas. Tienen muchas dudas en esos primeros días. Como sociedad hemos perdido un poco esa “tribu” que acompañaba antes, y ahora el apoyo sanitario resulta fundamental en los primeros cuidados.
— Para cerrar, ¿qué mensaje dejaríais a enfermeras que estén pensando orientar su carrera hacia este ámbito?
— Que, si se plantean la pediatría, deben entenderla en toda su amplitud, porque abarca patología, cirugías y situaciones complejas. En puerperio, además, se cuida tanto a la madre como al bebé. Es una especialidad exigente, pero profundamente vocacional.
