Alfonso Hermida
Comunicación del Colegio de Enfermería de A Coruña
Con motivo del Día Mundial de Concienciación sobre el Linfoma, que se celebra cada 15 de septiembre, conversamos con María José Rivas, supervisora de hospitalización de Hematología; María Mariño, supervisora del Servicio de Transfusión y Unidad de Aféresis y Nieves Mayo, supervisora del Hospital de día de Hematología del Clínico de Santiago. Las tres nos explican cómo acompaña Enfermería a los pacientes desde el diagnóstico, qué señales deben vigilar durante el tratamiento y cómo terapias como las CAR-T han abierto nuevas posibilidades, al tiempo que exigen una detección especialmente rápida de sus posibles complicaciones.
-¿Qué es un linfoma y cuáles son los principales tipos que se diagnostican?
El linfoma es una neoplasia hematológica originada por la proliferación incontrolada de linfocitos (T, B o NK) en el sistema línfático, afectando a ganglios, bazo y médula ósea. Se divide en 2 grandes grupos: Linfoma de Hodgkin (LH) y Linfoma No Hodgkin (LNH). El LNH es el más prevalente (80-90 % casos) e integra más de 60 subtipos, diferenciados clínicamente entre indolentes o de crecimiento lento y agresivos o de rápida evolución.
-¿Qué síntomas o señales de alerta deberían llevarnos a consultar con un profesional sanitario?
La principal señal de alarma es la aparición de adenopatías indoloras y de consistencia aumentada en regiones cervicales, axilares o inguinales que persisten sin causa infecciosa evidente. Además debemos prestar especial atención a los conocidos como “síntomas B”: fiebre inexplicable de predominio vespertino, sudoración nocturna profusa que llega a obligar al paciente a cambiar la ropa de cama, pérdida de peso involuntaria superior al 10 % en 6 meses y otros signos como la fatiga extrema persistente, prurito generalizado o tos seca y disnea.
-¿Por qué algunos linfomas evolucionan lentamente mientras que otros requieren un tratamiento inmediato?La velocidad de evolución depende de la tasa de proliferación celular característica de cada subtipo de linfoma. Los linfomas agresivos presentan un crecimiento celular rápido y progresan aceleradamente, lo que exige comenzar un tratamiento inmediato para evitar complicaciones graves. Los linfomas de bajo grado tienen una tasa de replicación celular muy lenta, las células tumorales tardan meses o años en proliferar, lo que permite en muchos casos una estrategia de espera vigilante, posponiendo el tratamiento hasta que aparezcan síntomas.
-¿Qué papel desempeña la enfermera desde el momento en que el paciente recibe el diagnóstico?
Desde la confirmación diagnóstica, la enfermera actúa como pilar fundamental de acogida, apoyo emocional y gestión de la ansiedad ante el impacto inicial de la enfermedad. Su rol abarca la valoración holística de las necesidades del paciente y su entorno, así como una intensa labor de educación sanitaria, explicación del circuito asistencial, enlace con el equipo multidisciplinar, coordinación de aspectos claves como la planificación de accesos venosos, información sobre asociaciones de pacientes, derivación a preservación de fertilidad…, asegurando una atención continuada y humanizada.
-¿Cuáles son los cuidados enfermeros más importantes durante el tratamiento del linfoma?
Los cuidados enfermeros se centran en tres pilares: seguridad en la administración, monitorización y capacitación del paciente.
-Gestionamos de forma rigurosa los accesos vasculares y garantizamos la infusión segura de los citostáticos e inmunoterapias.
-Durante y tras la administración de fármacos son sometidos a una estricta vigilancia (constantes, analíticas, balance hídrico) para detectar precozmente posibles efectos adversos.
-Tras el alta, es primordial la prevención del riesgo de infecciones en neutropenia, por ello se educa al paciente para reconocimiento inmediato de signos de alarma.
-¿Qué efectos adversos aparecen con mayor frecuencia y cómo se ayuda al paciente a identificarlos y controlarlos?
Los efectos secundarios más habituales son la toxicidad hematológica (neutropenia, anemia, trombopenia), toxicidad gastrointestinal (nauseas, vómitos, mucositis), fatiga y alopecia.
Para capacitar al paciente en su identificación y control precoz, la enfermera imparte educación sanitaria sobre el plan de autocuidados. En el caso de neutropenia, se instruye en el registro térmico diario el reconocimiento de signos de infección, la higiene estricta de manos y pautas de higiene alimentaria. En la mucositis se adiestra sobre la higiene bucal. Registrará los episodios de emesis para ajustar los antiémeticos pautados y deberá reconocer signos críticos como la aparición de petequias o sangrados espontáneos. Se hará feed-back dando pautas claras de cuando deberán acudir a urgencias.
-¿Qué recomendaciones se ofrecen para prevenir infecciones y mantener, en lo posible, una vida cotidiana activa?
Se insiste en el lavado de manos estricto de paciente y convivientes, evitar aglomeraciones en espacios cerrados, higiene rigurosa de los alimentos (evitando crudos si hay inmunodepresión severa) y cuidado extremo de la piel (protección solar, jabones neutros sin perfume, hidratación).
Para mantener una vida activa, recomendamos ejercicio físico adaptado de intensidad leve-moderada, ya que se ha demostrado que es una herramienta eficaz para combatir la astenia tumoral, preservar la masa muscular y mejorar el estado de ánimo.
-En los últimos años se han incorporado tratamientos como la inmunoterapia y las terapias CAR-T. ¿Cómo han cambiado estas terapias el pronóstico y los cuidados que necesitan los pacientes?
La inmunoterapia y las terapias CAR- T han supuesto un cambio de paradigma en el pronóstico, han permitido obtener respuestas completas y potencialmente duraderas en pacientes que anteriormente disponían de pocas alternativas terapéuticas. Para la Enfermería, este avance ha desplazado el foco asistencial hacia el manejo de toxicidades inmunológicas específicas, complejas y de rápida evolución. La Enfermería desempeña un papel fundamental en la detección precoz del síndrome de liberación de citocinas y de la neurotoxicidad.
-¿Qué funciones concretas asume Enfermería durante las diferentes fases de una terapia CAR-T?
La enfermera interviene de manera transversal:
- Fase de aféresis: en esta fase se realiza la extracción de linfocitos T del propio paciente mediante una máquina de aféresis. Posteriormente se envían para su modificación para ser reinfundidas como producto CAR-T.
- Fase de preinfusión o linfodepleción: administramos la quimioterapia que permitirá reducir temporalmente los linfocitos propios del paciente y favorecer la expansión y persistencia de las células CAR- T una vez infundidas.
- Fase de infusión y postinfusión inmediata: monitorizamos estrechamente las constantes vitales para la detección precoz del síndrome de liberación de citocinas (fiebre, hipotensión) y la neurotoxicidad, aplicando herramientas como la escala ICE (evalúa escritura, orientación, habla), que permite una intervención inmediata ante mínimos cambios cognitivos.
- Seguimientos post alta en domicilio por enfermera gestora.
-¿Cómo contribuyen la consulta enfermera, el seguimiento telefónico y la educación sanitaria a reducir desplazamientos innecesarios al hospital?
La consulta de enfermera gestora de casos o de práctica avanzada desempeña un papel primordial en el seguimiento de los pacientes fomentando la educación sanitaria, actuando como referente y facilitando la coordinación entre paciente, entorno y equipo multidisciplinar.
A través del seguimiento telefónico, la enfermera resuelve dudas de forma ágil, evalúa la aparición de toxicidades y discrimina entre molestias manejables (nauseas leves o dudas farmacológicas ) y situaciones que si requieren atención medica urgente.
Esta intervención continuada evita visitas innecesarias a urgencias y la sobrecarga hospitalaria, reduciendo complicaciones evitables y ofreciendo un soporte cercano y eficiente.
