Alfonso Hermida
Comunicación del Colegio de Enfermería de A Coruña
En la atención sanitaria se revela una verdad que rara vez aparece en los manuales: “La escasez no elimina la urgencia, simplemente obliga a priorizar mejor”. Es una frase de Juan Pablo García Piñón, que nos concede una entrevista antes de empezar a impartir el curso Atención a urgencias con pocos recursos, organizado por el Colegio.
Alfonso Hermida
Comunicación del Colegio de Enfermería de A Coruña
En la atención sanitaria se revela una verdad que rara vez aparece en los manuales: “La escasez no elimina la urgencia, simplemente obliga a priorizar mejor”. Es una frase de Juan Pablo García Piñón, que nos concede una entrevista antes de empezar a impartir el curso Atención a urgencias con pocos recursos, organizado por el Colegio.
En ese margen estrecho entre la falta de medios y la necesidad de actuar rápido se mueve este curso, una formación que reivindica una idea sencilla pero poderosa: “Hacer Enfermería de calidad incluso en los escenarios más adversos. Una enfermera puede estar canalizando una vía, valorando signos de deterioro o coordinando una respuesta mientras, al mismo tiempo, sostiene la mirada o la mano de una paciente que tiene miedo”. García Piñón, vocal también del Colegio, defiende que la preparación no consiste en no tener dudas, sino en saber por dónde empezar cuando el tiempo aprieta y los recursos no alcanzan.
-¿Qué ocurre cuando faltan medios, cuando no está disponible el material ideal o cuando el tiempo obliga a improvisar?
Cuando faltan medios aparece la realidad de la urgencia en estado puro: hay que decidir qué es imprescindible y qué puede esperar. En esos momentos el riesgo no es solo no tener un material concreto. El riesgo es desordenarse, querer hacerlo todo a la vez, perder la visión global o bloquearse. Por eso una de las ideas centrales del curso es que la escasez no elimina la urgencia, obliga a priorizar mejor. No se trata de improvisar de cualquier manera, sino de adaptar la respuesta con criterio. Primero observar bien, después identificar qué amenaza la vida, priorizar lo que más impacto tiene y comunicarlo de forma clara al equipo. En urgencias no siempre gana quien hace más cosas. Muchas veces gana quien hace lo prioritario en ese momento.
-¿De dónde nace la inquietud de plantear este curso como un taller práctico para profesionales?
Nace de una realidad que cualquier profesional de urgencias reconoce: todas hemos vivido alguna situación en la que todo parecía complicarse a la vez y la solución no era evidente desde el primer momento. Ese instante en el que el entorno no ayuda, el tiempo aprieta, los recursos no son los ideales y hay que tomar decisiones sin bloquearse. Por eso me gusta que el curso funcione como un taller entre profesionales. El alumnado no parte de cero; son enfermeras y profesionales cualificadas, con experiencia, criterio y mucho que aportar. Yo actúo como instructor, pero también como relator de situaciones reales. Me gusta contar anécdotas, plantear casos y provocar que cada participante piense: «yo también he estado en una situación parecida», o «esto podría pasarme mañana». Ahí es donde el aprendizaje se vuelve útil. Además, en un taller así no aprende solo quien asiste. También aprende quien lo imparte. Las experiencias de las participantes enriquecen el curso, porque cada enfermera trae su contexto, sus recursos, sus dificultades y su forma de resolver. Esa es una de las partes más valiosas: compartir criterio profesional. La Enfermería tiene que estar en actualización constante para ofrecer cuidados adecuados, seguros y de calidad. Pero esa actualización no es solo técnica. También tiene que ver con saber gestionar, priorizar, comunicarse, acompañar y mantener la humanidad incluso en momentos de urgencia. Una enfermera puede estar canalizando una vía, valorando signos de deterioro, coordinando una respuesta y, al mismo tiempo, sosteniendo la mirada, la palabra o la mano de una paciente que tiene miedo. Esa cercanía también es cuidado, y no desaparece porque la situación sea crítica. Esta inquietud tampoco es nueva.
En el curso me gusta recordar que la Enfermería ha crecido precisamente en escenarios difíciles. Figuras como Mary Seacole, Florence Nightingale o Bakunina mostraron, cada una en su contexto, que cuidar en situaciones extremas exige organización, valentía, observación, higiene, gestión, presencia y humanidad. La Enfermería de guerra, las grandes crisis sanitarias y la evolución de la profesión nos enseñan que muchas veces los avances nacen cuando alguien es capaz de ordenar el caos para cuidar mejor. Por eso este curso no va de hacer Enfermería de segunda porque falten medios. Va de hacer Enfermería de calidad en momentos de urgencia. Va de reconocer el valor profesional de la enfermera cuando el escenario no es perfecto y, aun así, hay que observar, priorizar, comunicar y cuidar.
-¿Cómo se prepara a una enfermera para mantener la capacidad de reacción cuando el escenario real no se parece al escenario de atención ideal?
Se prepara entrenando escenarios imperfectos. Muchas veces formamos pensando en el entorno ideal: material disponible, equipo completo, tiempo suficiente, espacio adecuado. Pero la realidad no siempre se presenta así. Puede haber saturación, traslados demorados, falta de manos, un entorno inseguro o simplemente una paciente que se deteriora antes de que todo esté preparado. Por eso este curso busca entrenar una respuesta práctica: leer la escena, protegerse, detectar lo vital, pedir ayuda pronto, repartir tareas y reevaluar constantemente. No es memorizar una lista de técnicas. Es aprender a mantener la cabeza ordenada cuando el entorno se desordena. Una enfermera preparada no es la que nunca duda. Es la que, incluso con dudas, sabe por dónde empezar.
-¿Suele darse con frecuencia en un sistema sanitario tan avanzado como el nuestro?
Sí, y creo que es importante decirlo con naturalidad. Tener un sistema sanitario avanzado no significa que todos los escenarios sean ideales. La escasez no siempre es falta absoluta de recursos. A veces es falta de tiempo, falta de manos, sobrecarga asistencial, demora en un traslado, una paciente crítica en una planta, una residencia, un domicilio, un PAC o un servicio saturado. Incluso en hospitales muy bien dotados puede haber momentos en los que el recurso adecuado no está todavía allí donde se necesita. Y en ese intervalo, el criterio enfermero es fundamental. Este curso no nace de una visión pesimista del sistema, sino de una visión realista. Precisamente porque tenemos buenas profesionales y buenos recursos, debemos entrenar también qué hacer cuando el contexto no acompaña.
-Después de experiencias recientes como la pandemia o grandes emergencias, ¿ha cambiado la manera en que las profesionales sanitarias entienden su propia seguridad mientras atienden a una paciente crítica?
Sí, claramente. La pandemia nos recordó algo que en urgencias ya sabíamos, pero que quizá no siempre poníamos en primer plano: sin seguridad no hay asistencia sostenible. Durante mucho tiempo, en el imaginario sanitario, parecía que la buena profesional era la que entraba siempre, hacía siempre y asumía cualquier riesgo. Hoy entendemos mejor que protegerse no es retrasar la asistencia ni desentenderse de la paciente. Protegerse es garantizar que puedes seguir ayudando. La seguridad de la profesional, del equipo y del entorno forma parte de la atención a la paciente crítica. Si el equipo cae, si se contamina, si se desorganiza o si entra en una escena insegura sin valorar, la asistencia empeora. Por eso insisto mucho en que antes de tocar a la paciente hay que leer la escena. No desde el miedo, sino desde la responsabilidad. La autoprotección, la comunicación y el orden no son elementos accesorios: son parte del tratamiento.
