Alfonso Hermida
Comunicación del Colegio de Enfermería de A Coruña
El ejercicio de la Enfermería dentro de las Fuerzas Armadas representa una especialización donde la técnica sanitaria y la disciplina militar convergen para dar respuesta a necesidades en situaciones de aislamiento o combate. A diferencia del ámbito civil, el enfermero militar debe estar preparado para actuar como el único referente sanitario, apoyado en ocasiones por herramientas como la telemedicina, que le permite conectar con especialistas en hospitales o centros de salud.
Alfonso Hermida
Comunicación del Colegio de Enfermería de A Coruña
El ejercicio de la Enfermería dentro de las Fuerzas Armadas representa una especialización donde la técnica sanitaria y la disciplina militar convergen para dar respuesta a necesidades en situaciones de aislamiento o combate. A diferencia del ámbito civil, el enfermero militar debe estar preparado para actuar como el único referente sanitario, apoyado en ocasiones por herramientas como la telemedicina, que le permite conectar con especialistas en hospitales o centros de salud.
El componente humano marca la esencia de esta profesión, que exige templanza para afrontar la separación familiar durante misiones de varios meses y la capacidad empática para actuar como vínculo entre la tropa y la estructura de mando.
Juan Carlos del Río es ferrolano y en la actualidad es jefe de Enfermería en la Escuela de Especialidades de la Estación Naval de La Graña (ESENGRA). Pertenece a la segunda promoción de la facultad de Ferrol y en 1997 aprobó las oposiciones de Enfermería Militar. En 2001 cambió de destino para el Arsenal de Ferrol. Posteriormente ocupó cargo de enfermero en diferentes fragatas, en misiones de larga duración. Por ejemplo, en 2003 embarcó en la fragata Canarias para participar en el conflicto de la segunda guerra de Irak en misiones de apoyo a embarcaciones aliadas y vigilancias de pasos internacionales durante siete meses. Años después fue destinado a la Unidad de Buceo de Ferrol para atención y cobertura de la cámara hiperbárica y apoyo a actividades de buceo, donde permaneció hasta el 2023.
-Comandante Del Río, ¿cómo es el proceso de formación para convertirse en enfermero militar?
El proceso de formación para convertirse en enfermero militar dura unos 10 meses y consta de dos fases bien diferenciadas, que abarcan el paso por las diferentes academias militares de formación del Ministerio de Defensa.
-¿Cómo es la primera fase?
La primera fase dura aproximadamente 3 meses y en ella se realiza el adiestramiento. La instrucción pura y duramente militar comienza en la Academia General Militar, en Zaragoza, donde se forman los futuros oficiales del Ejército de Tierra (ET) y Guardia Civil. Te enseñan fundamentalmente la dinámica, funcionamiento y estructura militar, en particular del ET, y puede suponer en ocasiones un choque emocional. Tengo grandes anécdotas de esa etapa, que hoy recuerdo con mucha nostalgia. Posteriormente, se pasa poco menos de un mes en San Javier, en la Academia General del Aire, y, otro tanto, en Marín, en la Escuela Naval Militar. En ambas, aprendes el funcionamiento y la organización de cada ejercito, pues, si bien todos son militares, cada uno tiene sus características estructurales y sus “maneras” de organizarse y relacionarse. Nuestra naturaleza como “Cuerpos Comunes” obliga a ello, pues podremos ir destinados a cualquier estructura del Ejército, independientemente de que pertenezcan a la Armada, Ejército de Tierra o Ejército del Aire y del Espacio.
-¿Y la segunda fase?
La siguiente fase comienza en la Escuela Militar de Sanidad (EMISAN), en Madrid, pegada al Hospital Central de la Defensa, Gómez Ulla, en lo que se conoce como la Academia Central de la Defensa. Aquí, durante poco más de 7 meses, se recibe ya la formación militar donde se empieza a tratar el trabajo pura y duramente enfocado a conceptos de Enfermería en el ámbito militar. El trabajo en unidades navales, aéreas y terrestres está muy circunscrito a situaciones hostiles en teatros de operaciones donde se lleva a cabo la asistencia sanitaria en combate. Como os podéis imaginar, está muy enfocada, en una primera atención, al politrauma.
Toda la formación acaba con la "entrega de los despachos" a mediados de julio, con el consiguiente destino al que te vas a incorporar.
-¿Qué diferencias hay con la Enfermería civil?
La principal diferencia radica en el modo de actuación que tienen los enfermeros militares, y, por supuesto, el entorno de trabajo. Funcionamos dentro de una organización militar y nuestro cometido principal es velar y atender por la salud de las personas que pertenecen a esta organización, que está expuesta a unos riesgos específicos. Así, puedes apoyar a un batallón de soldados en una ambulancia específica de campaña y atender los problemas de salud que puedan surgir; en un barco, que es el medio principal en el que me he movido, englobado dentro de la dotación de un buque; o en los helicópteros del SAR (search and rescue), que se encargan de rescatar y atender bajas allí donde son solicitados.
-¿Qué pesa más la formación/vocación militar o la sanitaria?
Ambas tienen que estar presentes y en un porcentaje muy parecido. No es que trate de ser equidistante, pero en verdad no puedes obviar el entorno y la naturaleza militar como integrantes que somos del mismo, porque sino estarías “descolocado”. Por otra parte, la vocación asistencial siempre tiene que estar presente. La damos por supuesta si es que ya has estudiado esta carrera. Entre compañeros muchas veces comentamos que conjugamos de una manera excepcional ambas vocaciones. En definitiva, ambas se encauzan en una vocación de servicio público, formando parte de un equipo de trabajo con una forma de actuar muy bien definida. Esto creo que es lo que más nos define de cara al exterior. Siempre acudimos con mucha ilusión a los lugares donde nos reclaman, independientemente de la situación de los mismos y de las vicisitudes y circunstancias personales. Es nuestra razón de ser. Una vez en zona, disfrutamos con el trabajo clínico y al mismo tiempo nos enorgullece formar parte de una misión militar con el resto de nuestros compañeros del cuerpo general.
-¿Cuáles son las principales funciones de un enfermero militar?
Genéricamente, velar por la salud de los miembros de las Fuerzas Armadas en el ámbito de la Enfermería. Al igual que la sanidad civil, el trabajo se hace por medio de un "tándem" médico-enfermero. Pero son muchas las ocasiones en las que somos los únicos representantes de sanidad en diferentes agrupaciones militares. Y esta es la diferencia principal respecto a la sanidad civil. No podríamos entender un centro de salud sin un médico y un enfermero, pero nosotros, en diferentes ejercicios, acudimos solos con el único apoyo de personal de marinería con aptitudes sanitarias (un curso en profundidad que reciben de primeros auxilios), y la posibilidad de acceso a lo que se denomina "telemedicina". Un ejemplo relativamente habitual en este tipo de acción serían los enfermeros que se encuentran destinados en barcos. Otro ejemplo son en los ejercicios de tiro donde hay solo un enfermero cubriéndolos. Pero también atendemos más áreas: así, por ejemplo en un barco, las condiciones e inspección de zonas y espacios de alimentación (cocinas, despensas, etc), también es labor del enfermero. Igual que el control de la calidad del agua (cloro, estado salubre y controles rutinarios de inspecciones de legionelosis), prevención de riesgos laborales, control de aparatos médicos y del pañol de medicamentos a bordo; formación de la dotacion en reacciones iniciales y primeros auxilios, etc. Como podéis ver, nuestro trabajo es mucho más multidisciplinar de lo que pueda ocurrir en el ámbito civil. No puede ser de otro modo.
-Ahora estás más centrado en la gestión sanitaria. ¿Cómo es tu día a día?
El trabajo dentro de la Jefatura de Sanidad radica en la gestión del personal de sanidad a las órdenes del Jefe de Sanidad (en mi caso una Tcol médico), gestión y control de los recursos sanitarios de las unidades de la Armada (barcos, escuelas, Arsenal, cámara hiperbárica y Cuartel de Infantería de Marina).
Cada una de estas unidades está organizada con una plantilla de personal en la que se cuenta con personal de Enfermería destinado. El apoyo funcional (normativa, protocolos, instrucciones de organización...) se lo damos nosotros desde esta Jefatura. Principalmente centrado en la gestión de reconocimientos médicos de su personal, tanto de bajas médicas, como reconocimientos médicos específicos previos a la apertura de expedientes psicofísicos, pedidos de medicamentos y material médico de todas las unidades y apoyo en auxilio y consulta cuando nos es requerido por carencias de personal.
Pondré un ejemplo de algo habitual que permitirá crear una instantánea de algunas de nuestras acciones: recientemente acaba de salir un barco a navegar a una misión larga en una agrupación multinacional. La dotación de ese barco requiere un reconocimiento médico previo a la salida que pasa por unos procesos de control médicos, psicológicos y odontológicos específicos. Tienen un naturaleza eminentemente preventiva para luego enfrentarse con más seguridad a meses de despliegue. Además también, dependiendo de la zona de navegación, requieren una serie de vacunas que inteligencia sanitaria, desde el Servicio de Medicina Preventiva situado en el Hospital Central de la Defensa, nos recomienda. Por lo tanto también tienen que vacunarse. Son una dotación de poco más de 200, más algunos que vienen comisionados de otras unidades. Todo ese proceso requiere una "gestión previa" que se hace desde la Jefatura. Esto en cuanto al personal, porque el barco también debe de llevar suficiente stock de medicamentos y material médico para un periodo largo (unos 6 meses). Los equipos y todo aparataje médico tienen unos controles previos. Y no siendo todo esto poco, también está contemplado el auxilio a una embarcación a la deriva (como ha ocurrido en ocasiones) con lo que implica un aumento extra del stock, y material específico para ello. Pues todo esto requiere de un proceso organizativo y una planificación específica para que pueda llevarse a cabo. Este proceso es parte fundamental del trabajo que realizo desde la Jefatura de Sanidad. Claro que no lo hago yo solo, si no inmerso en un equipo multidisciplinar de inestimables compañeros. Desde la figura fundamental del enfermero destinado a bordo del buque, hasta los médicos, psicólogos, odontólogos, farmacéuticos, y también veterinarios (que se encargan de la bromatología de los espacios de alimentación).
-¿En qué tipo de unidades o destinos has trabajado a lo largo de tu carrera?
La movilidad geográfica y la variabilidad en cuando a los destinos que se pueden ocupar (tierra, mar y aire) es una constante presente en nuestra vida laboral. Pero en mi caso, he tenido la fortuna de estar siempre destinado en Ferrol. Soy oriundo de aquí, al igual que toda mi familia, y siempre he encontrado hueco en nuestras unidades navales. Es una de las ventajas de ser gallego y vivir en esta fabulosa esquina del mapa. Mi primer destino fue la Fragata Cataluña en el año 1998. Fue todo un placer que me permitió conocer mucho más en profundidad las bondades de pertenecer a la Armada. Estaba muy a gusto con un grupo de personas fascinantes, pero en el 2001, me salió una vacante en un “destino de tierra" en la enfermería del Arsenal, que no podía dejar escapar. El barco aunque es un destino fantástico, llega un momento en que “agota", pues te exige estar una media de 5 o 6 meses al año fuera de casa, y a la hora de formar una familia no es el puesto más adecuado.
La enfermería del Arsenal suponía un destino ideal para tener hijos. El trabajo es similar a un pequeño "centro de salud”, orientado a la atención del personal militar, así como control de bajas y lo que podemos entender como "enfermería del trabajo”.
Desde la enfermería he podido navegar comisionado en múltiples unidades navales que me permitieron seguir disfrutando de despliegues: Fragata Baleares, Andalucía, diferentes y variados patrulleros, operaciones de apoyo a flota de pesca (especialmente campañas del bonito), apoyo a policía nacional (GEOS) en operaciones antidroga en la mar (abordando veleros cargados de droga), un año y medio en el portaaeronaves Juan Carlos I, como "dotación de quilla" (primera dotación), para puesta en servicio del primer destino de sanidad a bordo (fue una experiencia muy enriquecedora), Fragata Blas de Lezo, Méndez Núñez, Patrullero Centinela, Unidad de Buceo de Ferrol donde he estado nueve años (tienen en dotación dos cámaras hiperbáricas para accidentes de buceadores en las que se encuentra integrado un oficial enfermero), tras la cual vino mi ascenso y el consiguiente cambio de destino a la Jefatura de Sanidad. Aquí ya cambias la vida operativa por el ordenador lleno de aplicaciones ofimáticas específicas del MINISDEF (Ministerio de Defensa).
-¿Has participado en alguna misión internacional o en zona de conflicto? ¿Qué recuerdo o experiencia te marcó más?
He participado en la guerra del golfo del 2003 en un despliegue de apoyo lógistico-operativo que hizo España, además de otros controles navales de embargos a zonas y países bajo el mandato de ONU. En mi caso fue desde enero a junio del 2003. Eran operaciones de apoyo y escoltas de unidades navales de la OTAN y mercantes, en particular en zonas del estrecho de Bab al-Mandab, donde la amenaza era real y había un alto riesgo de ataque desde costa. Todo el mundo estaba muy centrado en su trabajo. Hicimos una labor impecable en palabras de los máximos responsables del cuartel general, pero siempre desde la mar. Yo no he estado en situaciones de "primera línea de batalla", cuyas acciones están más orientadas a compañeros de ET o de Infantería de Marina.
En despliegues de compañeros que sí han estado, en esas situaciones en las que la guerra y la amenaza pura y dura están más cercanas, los enfermeros, junto con médico y demás sanitarios, van en la ambulancia dispuestos a intervenir ante las amenazas y ataques a los que se puedan ver sometidos el conjunto de militares desplegados. Por supuesto van equipados con el material sanitario necesario y, lógicamente, con armamento. Otros compañeros están en lo que se denominan "hospitales de campaña" donde se atiende las bajas que se originan en una coalición. Y, de manera muy habitual, la atención al personal civil, muchas veces desplazados o damnificados en estas situaciones: Afganistán, Libano, Irak, los Balcanes... Aquí nuestro trabajo es como en cualquier otro hospital, integrado en equipos hospitalarios multidisciplinares y habitualmente multinacionales.
No podemos olvidar a los compañeros que van en los helicópteros de rescate aéreo del SAR. Son los que auxilian a las víctimas en una segunda intervención cuando se solicita desde la unidad una "evacuación medica" (MEDEVAC). Habitualmente en zonas hostiles, como pueden ser atentados contra convoyes militares en zonas de intervención.
No tengo una experiencia que os pueda decir que me ha marcado en primera persona. Pero en mis múltiples despliegues por diferentes zonas, me he forjado la idea de que vivimos en una zona del mundo en la que somos unos privilegiados y que, fuera de nuestro “edén", las cosas son siempre diferentes y a menudo mucho más difíciles. El mundo militar te despliega por esas zonas y te das cuenta de la suerte que tenemos y ayuda a posicionar el valor real de las cosas que podemos disfrutar.
También me he dado cuenta que este trabajo exige de una templanza muy particular: separar a las personas de su círculo más personal durante mucho tiempo para trabajar y convivir con personas que inicialmente no conoces, no es fácil. A menudo hay situaciones de estrés y crisis de ansiedad, y ante todo esto hace falta estar bien preparado.
-¿Qué importancia tiene la Enfermería militar en misiones humanitarias?
Fundamental. La primera atención a los damnificados en la guerra, pasa por proporcionar alimento y atender a la salud de las personas. Las demás necesidades se pueden tratar en otro momento, pero la salud no sabe esperar. Además está de la seguridad. Los “profesionales de la seguridad" en zonas de conflicto somos los militares. Somos los encargados de establecer una zona segura, donde posteriormente tendrá que acudir el personal de sanidad. En unidades móviles, o en un hospital de campaña. Por ello, la Enfermería militar junto con las demás especialidades sanitarias, son las responsables de esa primera atención. En los Balcanes (donde España dejó una huella imborrable en la misión llevada a cabo en Móstar), en Afganistan, en el Líbano, en Irak, en Mali... En muchas ocasiones, atendiendo a civiles de las poblaciones donde se instalaban los hospitales. Y siempre con la seguridad que te brindan los ejércitos integrados.
En catástrofes ajenas a conflictos bélicos, la milicia tiene el material necesario para una intervención rápida e inmediata: terremotos, inundaciones, huracanes... La UME es un buen ejemplo de ello, pero no únicamente, pues tenemos unidades navales (como el Juan Carlos I, o los buques anfibios Galicia y Castilla) capaces por sí solos de abastecer a un pueblo mediano de muchas necesidades básicas. Entre ellas, la sanitaria con magníficos hospitales a bordo (quirófanos y UCI/quemados) que son un magnífico apoyo a una catástrofe de gran envergadura. Me viene a la memoria el despliegue en el huracán Mitch, donde España lideró un importante despliegue de ayuda humanitaria y reconstrucción con alta presencia de militares en la zona en una primera intervención.
-¿Cómo es una jornada en un hospital de campaña o en la Enfermería de una base fuera de España?
No he tenido la suerte de haber estado destinado en un hospital de campaña. Pero te puedo relatar que su jornada está establecida por turnos, igual que en un hospital de tierra, con la diferencia de que te alojas en los contenedores destinados a tal fin, y con tu tiempo libre para lo que necesites (sobre todo deporte, que es una constante en la milicia). Pero en ocasiones se originan "momentos de crisis" (recepción de bajas o ataques en zonas) que requieren de todo el personal en alerta y dispuesto. Eso exige un orden y una disciplina por encima de todo. En esos momentos no se "atiende" a horarios o guardias específicas, y todo el personal está disponible.
-¿Y en una operación naval?
El horario en un barco está lleno de trabajos desde el momento que sales de puerto (habitualmente realizando ejercicio de transito por canal dragada o bajo amenaza de fuego enemigo) hasta el momento del atraque. Hay un calendario completo de adiestramiento en las dotaciones. El personal a bordo va generalmente a 2 o 3 vigilancias: esto es, repartiendo el turno de 24 horas en 2 turnos (de 6 horas cada uno) o de 3 turnos (de 4 o 3 horas cada uno).
El oficial enfermero a bordo lleva otro horario: por supuesto, a las 7:30 debes de estar listo para trabajos, pero no tengo los turnos de los demás compañeros. De todos modos, mi disposición es de 24 horas. Siempre localizado mediante un walkie que me acompaña en las diferentes zonas en las que me encuentro. Prioritariamente, por la mañana hay consultas: pequeñas dolencias o revisiones de lesiones. Siempre ocurre algo: algún corte, quemadura... Hay que darse cuenta de que en un barco hay movimiento, es angosto, hay motores, cocinas, hace frío en el exterior, por lo que es habitual tener pendientes pacientes para revisiones o curas en ese horario de mañana. Y a lo largo del día hay ejercicios en donde está implicado el personal de sanidad (oficial y sanitarios) en simulacros de incendios, daños y accidentes que acaban en evacuaciones, operaciones de vuelo con helicóptero. El adiestramiento de todo el personal es sumamente importante y es nuestra misión y responsabilidad formarlos en técnicas adecuadas de socorro y auxilio a bajas, si bien muchos ya vienen formados de un curso de aptitud sanitaria para personal de marinería, que se realiza en las escuelas de Ferrol. Las cosas no salen por sí solas: siempre requieren de adiestramiento.
A las 14:00, es el turno de comida. Hay dos. Al ocaso, se apagan las luces blancas del barco en interiores de espacios comunes. Llega la noche y no tienes horario para acostarte, pero si no hay ejercicios nocturnos que lo impliquen (especialmente adiestramientos nocturnos de vuelo de helicóptero), emergencias y el movimiento del barco lo permite, solemos dormir las noches enteras.
En la tarde suele haber tiempo libre para aquellas personas que no están implicadas en el ejercicio que se está ejecutando, y ahí aprovechas para leer, hacer deporte o charlar e interaccionar con los compañeros. Esto es algo sumamente importante, ya que sino, se corre el riesgo de tener la sensación de agobio, encerramiento que puede conllevar a lo que vulgarmente conocemos en el argot como "mamparitis". Es algo parecido a "quemarse" o sufrir una ansiedad leve. El tiempo de relación con los compañeros es algo vital.
-¿Cómo es la tecnología sanitaria que se utiliza en una unidad militar?
No nos diferenciamos de la enfermería civil. Lógicamente, el aparataje sanitario es el mismo, pero en ocasiones más orientado a las evacuaciones y que soporten un trato más “duro” en el campo. Las mayores variaciones también vienen de la propia arquitectura de lo que es un hospital de campaña, con módulos desplegables y portátiles, los elementos de evacuación sanitaria (especialmente en el ámbito de aeronaves) o las enfermerías de los barcos. Pero exceptuando estas particularidades los elementos sanitarios son lo mismo.
Mención especial merece la telemedicina. En particular para despliegues de Armada (embarcados) donde en ocasiones va un compañero solo. En un centro de salud, si hay dudas diagnósticas respecto a un paciente, se deriva a un hospital y se soluciona un problema. Pero en medio de la mar, a más de 200 millas de costa o a 2 o 3 días de puerto, puede ser complicado disponer de ayuda o de la impresión diagnóstica de un médico, así como la pauta médica necesaria. Nosotros, ni diagnosticamos, ni pautamos. Así que a veces recurrimos a la telemedicina. Consta de un módulo informático por satélite que, aprovechando las comunicaciones de las unidades navales, nos pone en contacto con una base, que es el Gómez Ulla. Aquí se realiza la consulta con un especialista determinado a la necesidad que se demanda. Además de la conversación directa, por esta tecnología podemos compartir datos como EKG, constantes, saturaciones (O2 CO2), imágenes de rayos X, incluso de ecógrafo, que ayudan al establecimiento de la patología, a pautar un tratamiento o una supuesta evacuación de la baja.
-¿Cuál es el mejor recuerdo que guardas de tu vida laboral como enfermero militar?
No tengo ningún recuerdo de situación excesivamente extraordinarias. No soy ningún héroe, ni un individuo con especiales vivencias. Clínicamente, enfrentarse solo en la fragata a patologías comunes puede ser algo reseñable. En la época en la que no teníamos telemedicina, a veces tenías que llamar por el teléfono satélite (en aquellos años terriblemente caro). Imagina un dolor abdominal, infecciones varias, traumas leves, quemaduras… Siempre te acuestas intranquilo, y muy vigilante de la situación de los pacientes, para ver si el cuadro empeora en cualquier momento o no responde al tratamiento y puedes verte en una situación de pedir una evacuación en medio del mar. Tienes que estar muy seguro para que todo el barco abandone las maniobras en las que se encuentra (que tienen un compromiso y valor económico con otras armadas importante) y se entregue completamente al resultado de tus decisiones.
Pero echando la mirada atrás, me llevo el enorme y agradable recuerdo de los compañeros de navegaciones. En particular, los pertenecientes al Cuerpo General. Eran compañeros que ponían toda su fe y voluntad en las decisiones que tomabas en el ámbito de la sanidad. Además, eso se realizaba con unas fortalecidas relaciones personales. Aun hoy, cuando veo a compañeros de navegación, siento mucha nostalgia de esos momentos. De esas noches a bordo, con mal tiempo, con la añoranza compartida de la vuelta a casa. Del apoyo emocional entre todos nosotros.
Una fuerte sensación de pertenencia y de espíritu de equipo. En mi caso no he tenido ninguna situación digna de ser reflejada como un guion de película. Pero sí que tengo grandes amigos, algunos compañeros de promoción que han experimentado situaciones de esas que podemos llamar espectaculares: la operación Sophie en el Mediterráneo de auxilio a embarcaciones de migrantes, con acciones de RCP intensas entre semiahogados, gente que te agradecía lo que hacías con mucha ilusión. Otros que sufrieron disparos en el helicóptero (una quemadura en el cuello por el roce de un proyectil) cuando iban a realizar un apoyo y traslado de bajas de un convoy que sufría un atentado. Noches bajo un cielo como nunca han vuelto a ver en las rutas y montañas de Afganistán en apoyo a los soldados en acciones militares, atención a población civil en situaciones de verdadera necesidad… Son muchos los compañeros que han tenido la suerte de vivir verdaderas aventuras.
-¿Y el peor momento o el más duro?
Siempre, absolutamente siempre te queda un ojo en casa: en tu pareja, familia, padres, abuelos, hermanos… En los cumpleaños que te pierdes y en las cenas familiares (especialmente en navidad). Cuando estás embarcado, tienes que mentalizarte que aproximadamente una media de cinco o seis meses al año estarás fuera de casa. Hay años que más. Otros, los menos, que te suelen coincidir con mantenimientos de los buques, pasas más tiempo en la base. Pero no es lo habitual.
En mi etapa desplegado en el Índico a bordo de la fragata Baleares, mi mujer estaba sola con su madre arrastrando una enfermedad de la que cada vez se encontraba peor. Desesperada y sola (hija única) no sabía que hacer. En las conversaciones que manteníamos era imposible disimular el malestar y fueron unos días en los que lo pasé muy mal a bordo. Los compañeros me arropaban, pero no puedes volver a casa y estar con los que te necesitan. Tu trabajo es la misión en la que te encuentras y tiene que ser una razón muy grave para poder regresar al hogar. Además mi puesto es único: nadie me puede cubrir. Fue un suceso que recuerdo con angustia, pues lo pasé realmente mal.
También el hecho de perderme algunos cumpleaños, aniversarios, fiestas, especialmente de los hijos, es lo que más me ha pesado. Son muchos meses, años que entregas a la Armada, a costa de quitárselos al contacto diario con tu familia. Y eso no va a volver jamas. Son momentos que dejas y que no se repiten. Y por supuesto hay compañeros que han navegado mucho más que yo, que igualmente lo han padecido.
Mientras te describo todo esto, me resulta muy paradójico que lo mejor, y lo peor de esta profesión, son las misiones que realizas: el contacto con los compañeros de misión, con las experiencias y vivencias que implica, y, por otra parte, la distancia con los familiares. Es un antagonismo real, difícil de entender.
-¿Cómo compaginas (o compaginabas) tu vida profesional con la personal, entre traslados, maniobras o misiones?
No es difícil, pero siempre depende de las circunstancias personales que te rodean y, en particular, las relativas a convivir con una pareja que sea consciente de tu profesión. Cuando de un día para otro te dicen que tienes que salir, varios meses, en casa no es agradable: se descolocan los planes y los roles de cada uno, y hay que reorganizarse. Sobre los traslados, si se da la “suerte” como en nuestro caso, que no tenemos “tiempos máximos” en nuestras vacantes, te permite familiarmente que tu pareja ejerce su profesión con mas seguridad. Pero sí que es cierto, que las misiones siempre están presentes y ahí hay que salir. Por lo menos hasta que tienes una edad o un empleo en el que ya no te van a comisionar más. En definitiva, el elemento que más lo sufre son las familias.
-¿Qué habilidades militares has llevado a la Enfermería?
A bote pronto me viene la “actitud militar” ante el trabajo. Dice Calderón de la Barca en sus versos sobre la milicia (que ponen los vellos de punta): “Aquí la más principal hazaña es obedecer. Y el modo en cómo ha de ser es ni pedir ni rehusar ”. Es toda una declaración de intenciones y de actitud. Una filosofía en la que lo más importante es el espíritu de servicio a los demás y al conjunto de compañeros. No puedo olvidar que me debo a los pacientes y a los enfermos ante cualquier situación. Actitud de servicio 24/7, cuando mis jefes, y por ende mi país, me necesitan. Por eso, es una cuestión de actitud, de afrontar lo que venga, porque evidentemente cuestiones como la orientación en el campo, el manejo de armamento o la formación militar no me pueden aportar ningún aspecto al marco teórico de la Enfermería.
La eficiencia también es un elemento constante en el trabajo del militar: conseguir objetivos, pero minimizando los costes. Somos muy austeros y acabamos haciendo el mismo trabajo que otras unidades de otros países muchísimo más dotadas que las nuestras. Es importante optimizar los recursos, porque estos son siempre limitados y salen del bolsillo de todos los que formamos España.
Otro elemento muy "militar" es la capacidad de afrontar situaciones inesperadas e imprevistos. Habitualmente todo en el ámbito militar está tremendamente planificado, pero en ocasiones no tienes los recursos necesarios para un determinado fin, ni posibilidad de obtenerlos. Tienes que adaptarte y solucionar esas situaciones. Y somos unos verdaderos artistas para suplantar aquellas necesidades repentinas que nos surgen con acciones que corrigen las carencias de una manera muy eficaz.
-¿Qué te ha enseñado la Enfermería que te sea útil como militar?
El mundo militar, afortunadamente, es tremendamente paternalista. Quiero decir, generalmente, los jefes, comandantes de unidades, tratan de cuidar de su personal ante cualquier problema o inconveniente. Pero esto siempre está dinamizado mediante lenguaje y trato militar. El personal enfermo habitualmente se suelta mucho más con nosotros que con los jefes (directos o no) a la hora de tratar cualquier tema. Ya no solo relativo a la salud de cada uno (faltaría más), si no en otros aspectos más banales. Saben que procedemos de la calle, de la universidad, lo que supone un elemento diferencial con los oficiales que han estudiado la carrera de las armas. Esa capacidad empática creo que está muy marcada en la formación sanitaria de Enfermería y es algo relativamente exclusivo a nosotros.
Tenemos que darnos cuenta de que los enfermeros somos los únicos miembros del cuerpo de sanidad que estamos destinados en destinos de primera línea. Esto es, destinos en los que se va a la primera linea de acción, bien sea en un barco, en una ambulancia de un batallón o en un helicóptero. Por lo tanto, nuestra relación siempre es mayormente con soldados y marineros que, a la mínima ocasión, acceden a nosotros con problemas de salud o de otra índole y siempre con más confianza que con otros compañeros uniformados. La empatía adquirida desde el punto de vista sanitario es la clave.
