Silvia Mosquera, enfermera de la Torrente Ballester: “Escuchar a las personas mayores y tratarlas de una forma inclusiva y respetuosa es básico para que se sientan seguros”

Alfonso Hermida
Comunicación del Colegio de Enfermería de A Coruña

Las personas llegan a las residencias a edades cada vez más avanzadas, con mayor dependencia, pluripatologías, pérdida de movilidad y tratamientos complejos. Una realidad que exige más profesionales, una mejor coordinación sociosanitaria y un reconocimiento efectivo de la Enfermería Geriátrica. Con motivo del Día Internacional de las Personas Mayores, Silvia Mosquera, enfermera de la residencia Torrente Ballester de A Coruña, analiza los desafíos de unos cuidados que deben conjugar seguridad, atención clínica y respeto a la autonomía. La profesional también advierte de las consecuencias de unas plantillas insuficientes y reivindica un modelo que escuche a las personas mayores, combata la soledad no deseada y proteja sin recurrir a sujeciones.

-Galicia es una de las comunidades más envejecidas de España. ¿Qué cambios están observando en el perfil y en las necesidades de las personas que ingresan actualmente en la residencia?

Lo que venimos observando en los últimos años es que las personas llegan a la residencia con un mayor grado de dependencia y con necesidades de atención cada vez más complejas. El perfil suelen ser usuarios de más de 80 años con pluripatologías crónicas, pérdida de autonomía, pérdida de movilidad y que a menudo toman numerosas medicaciones. Todo ello hace que se conviertan en “ancianos frágiles”. Presentan mayor vulnerabilidad ante situaciones que les produzcan alguna alteración física o emocional. 

-Un reciente informe del Consejo General de Enfermería advierte de la escasez de enfermeras en las residencias y de la ausencia de datos fiables sobre sus plantillas. ¿Qué consecuencias puede tener una dotación insuficiente sobre la seguridad y la calidad de los cuidados?

La falta y escasez de enfermeras repercute directamente en la atención que reciben las personas mayores. Cuando no hay el personal suficiente, disponemos de menos tiempo para valorar de forma individual a cada residente, detectar cambios en su estado de salud, controlar la medicación, prevenir problemas como las caídas… Esto aumenta el riesgo de complicaciones en los usuarios y genera una mayor sobrecarga de trabajo para el equipo de Enfermería. Contar con una ratio adecuada de enfermeras en cada centro es fundamental para poder garantizar unos cuidados de calidad y prevenir situaciones que puedan poner en riesgo a los residentes.

-¿Qué cambios serían necesarios para atraer y retener a más enfermeras, especialmente especialistas en Geriatría, en el ámbito residencial?

Creo que sería necesario cambiar en la gente y los compañeros profesionales la percepción de las residencias. Trabajar en una residencia de mayores no debería considerarse una “opción peor”, sino un entorno en el que la Enfermería tiene un papel fundamental. Las personas mayores presentan cada vez necesidades más complejas y requieren enfermeras/os con conocimientos específicos. Potenciar el acceso desde la Universidad a la especialidad de Geriatría, al igual que otras especialidades, y reconocerla profesionalmente es primordial.

-¿Está preparada la atención residencial para afrontar un aumento de personas con gran dependencia, pluripatologías, deterioro cognitivo y tratamientos cada vez más complejos?

Yo creo que poco a poco se van adaptando para cubrir las necesidades que requieren los usuarios. Es imprescindible contar con suficientes profesionales, especialmente DUEs y TCAE, que son el primer contacto directo y continuado con el residente. La coordinación socio-sanitaria es imprescindible, así como el contacto directo con Atención Especializada para cuando los residentes necesitan un soporte hospitalario. 

-¿Qué situaciones de riesgo puede detectar precozmente una enfermera y evitar así una urgencia, una hospitalización o un deterioro mayor de la persona residente?

Podemos detectar precozmente cambios en el estado habitual de los residentes. Cualquier variación en su comportamiento nos hace estar alerta y pensar que puede haber alguna causa subyacente. En las personas mayores requiere una especial atención cualquier alteración que pueda desencadenar en una futura caída, signos de deshidratación, síndromes confusionales.. Abordarlos a tiempo puede evitar mayores complicaciones. 

-La Xunta apuesta por residencias más parecidas a hogares y por tecnologías capaces de detectar caídas o problemas de orientación. ¿Cómo puede ayudar la tecnología?

La tecnología nos ayuda en nuestro día a día a tener un mayor control sobre los residentes. Ha habido muchos avances como los sensores y detectores de movimiento, que pueden ayudarnos a detectar una caída. Los relojes con sistema de localización nos son especialmente útiles en personas con deterioro cognitivo, pero que todavía mantienen la capacidad de salir solos a la calle.

-La Torrente Ballester se ha convertido en la primera residencia pública gallega acreditada como centro libre de sujeciones, ¿qué cambios han percibido en el bienestar de los residentes?

Desde mi punto de vista, creo que el mayor cambio percibido es que los residentes ganan en autonomía y libertad. Eliminar las contenciones físicas favorece que se puedan mover de forma libre y esto ayuda a que ellos estén más relajados. 

Para que esto fuera posible y que los residentes siguieran estando protegidos se han tenido que buscar alternativas que permitan mantener su seguridad sin limitar sus movimientos, como las camas cota cero o los sillones geriátricos de baja altura, que reducen el riesgo de caídas.

-¿Hasta qué punto la soledad no deseada afecta también a quienes viven acompañados en una residencia y qué señales permiten detectarla?

Vivir rodeado de más personas en el centro no quiere decir que ellos no sientan soledad. A veces, a pesar de que la mayoría participan de forma activa en todas las actividades propuestas por el centro, vemos que en el plano afectivo no siempre están cubiertas sus necesidades. Las familias aquí tienen un papel crucial. Algunas señales que podemos percibir son apatía, incremento de quejas físicas, pérdida de apetito.. sin que exista una causa médica que lo justifique.

-Hablamos mucho del edadismo social, pero ¿existe edadismo en los cuidados sanitarios (infantilización del mayor o tomar decisiones por ellos, por ejemplo)?

Pienso que cada vez menos. Los profesionales somos conscientes de lo importante que es respetar sus decisiones y sus ideas, siempre que sea posible. Escucharlos y tratarlos de una forma inclusiva y respetuosa es básico para que ellos se sientan seguros. Las personas mayores merecen la misma consideración que cualquier otra persona, independientemente de la edad.

-En este Día Internacional de las Personas Mayores, ¿seguimos hablando y tomando decisiones en su nombre?

Como enfermera a veces es muy fácil dejarte llevar por tu criterio profesional y por aquello que consideras que es mejor para ellos, basándote en tus conocimientos y tu experiencia. Sin embargo, yo creo que cada vez somos más conscientes de que hay que escuchar a la persona mayor, respetar su autonomía y tratarlos de una forma íntegra.


Imprimir  

Calle Álvaro Cunqueiro, Nº 7 - 1º

15008 - A Coruña

981 168 033

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Horario de oficina:

9:00 a 14:00 y 16:00 a 19:00 de lunes a jueves

Viernes de 08:00 a 14:30